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Columnistas | PUBLICADO EL 08 julio 2021

A veces llegan correos

Por óscar domínguezoscardominguezg@outlook.com

Reciente columna sobre Vargas Vila generó reacciones. Por una de ellas supe que Jaime Lopera y señora Marta Inés Bernal, autores de libros como “La culpa es de la vaca”, tuvieron acciones en esa faena.

Cuenta Lopera que la repatriación de los restos del escritor no fue culpa solo de Jorge Valencia y su esposa Beatriz Cuberos quienes hicieron lo suyo en Barcelona.

En Bogotá un grupo de intelectuales puros y uno que otro impuro, estuvieron “puntualmente en El Dorado listos para llevar los restos, primero al Templo masón donde se desarrolló una escena litúrgica y simbólica con todas las bases llenas de los hermanos de la capital, y después al Cementerio Universal.

Pulularon los mandiles, las escuadras y las máscaras, aparte de otros humos y signos ceremoniales, y debo confesarte que por esa razón los pedidos para que me involucrara en ese grupo han fallado por mi antipatía a los disfraces y colgandejos. Lo único que uso es una especie de cencerro... que le avisa mi cercanía a los corruptos, los endebles, los hipócritas y los poetas sin soneto”.

Mi respuesta: A mí me preocupan más los sonetos sin tercetos. Sería tan insólito como una bandeja paisa sin cerdo. Ahora, si “emprendes” una fábrica de cencerros me avisas para alquilarme como vendedor. Nos enriqueceríamos.

Otro amigo se vino con tremebunda diatriba: “Usted sigue emocionado con Vargas Vila. Si la supuesta literatura erótica de este autor fue para usted la cumbre de la sensualidad, creo que requiere visitar a un sicoanalista.

Vargas Vila es un escritor mediocre, grandilocuente, de frases vanas, de una ideología de cajón, un saco lleno de lugares comunes. Deslumbró a unos pueblos ignaros, carentes de fundamentación, de educación y de cultura. Nada dejó la obra de Vargas Vila para la posteridad. Ni desde el punto de vista literario, ni desde el punto de vista ideológico y político. Le aconsejo no perder el tiempo leyendo sus libros. Especialmente usted que tiene la mitad de la gran literatura sin leer”.

Mi respuesta: Nada tengo contra los sicoanalistas pero pocos vales de la prepagada les he dejado por consultas. Y no es por falta de achaques síquicos, pues son tantas y tan divertidas que estos ginecólogos al revés me atenderían gratis. Dice también que se me quedó la gran literatura sin leer. ¿Qué come que adivina?

Otra diatriba se la debo a doña Clara Lía Gallo quien envió mensaje a la dirección del periódico:

Por favor, hasta cuándo van a publicar las mediocres, ridículas, tontas columnas de Oscar Domínguez, que se jubile y se vaya a hablar sus boberías con quien lo soporta. Ese espacio lo merecen escritores que aporten ideas, reflexiones...

Mi respuesta: Doña Clara, más claro no canta un gallo. Este jubilado le agradece la copia

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