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A defender la democracia

Una cosa es la cooperación con Naciones aliadas contra organizaciones y delitos transnacionales, y otra la cesión de la soberanía.

hace 2 horas
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  • A defender la democracia

Por Paola Holguín - @PaolaHolguin

El 4 de julio, desde el Bulevar del Río en Cali, Iván Cepeda volvió sobre el tema de la desobediencia civil, y luego salió para Puerto Rellena en el suroriente de la ciudad, donde se levanta el monumento que recuerda los destrozos del denominado “estallido social”.

Primero, Cepeda afirmó que desconocerían a Abelardo de la Espriella como presidente, evidenciando una vez más su talante antidemocrático, al pretender desconocer la voluntad popular de las mayorías expresada en las urnas, y que resulta especialmente significativa, por la manera ilegítima e ilegal en que Petro y su Heredero logró muchos de sus votos.

Afirmó que la desobediencia civil pacífica se daría porque, según ellos, se desmontarían las reformas sociales impulsadas por Petro y se debilitaría el Estado Social de Derecho. No es claro a qué reformas se refiere, ¿a la destrucción del sistema de salud, a la desfinanciación del sistema educativo o al riesgo pensional que buscaron generar con su reforma?

Habló de un supuesto desconocimiento de la Constitución y presunta persecución contra la oposición; lo que es bastante extraño teniendo en cuenta que han sido ellos quienes permanentemente han violado la Constitución y la Ley, y han buscado derogarla a través de consultas populares o constituyentes; y fue en el Gobierno Petro donde después de tres décadas, tuvimos que vivir de nuevo el dolor de un candidato presidencial opositor asesinado; fueron ellos quienes ondearon la bandera de guerra a muerte y sistemáticamente usaron los peores agravios contra periodistas, magistrados, empresarios, parlamentarios o ciudadanos que le eran contrarios.

Declaró que el próximo Gobierno entregaría la soberanía a Estados Unidos, cuando ellos confirieron el control del territorio a estructuras criminales con las que jugaban “congelado”, les permitían definir ascensos o retiros de la Fuerza Pública, les otorgaban patente de corso para delinquir bajo el rótulo de gestores de paz o les suspendían órdenes de captura y extradiciones. Una cosa es la cooperación con Naciones aliadas contra organizaciones y delitos transnacionales, y otra la cesión de la soberanía.

Cínicamente, Cepeda habló de los líderes sociales, pero nada dijo de los más de 630 que fueron asesinados durante el Gobierno Petro.

Es claro que lejos de lo que definen Thoreau o Rawls como desobediencia civil, Cepeda y Petro la utilizará como excusa para volver a la violencia, el vandalismo y el terrorismo de mediana y baja intensidad, que fueron parte de su estrategia para llegar al poder hace cuatro años, y hoy la buscan como herramienta para perpetuarse en él.

Cepeda terminó su intervención con una especie de chantaje, hablando de diálogo para lograr un Acuerdo Nacional, es decir, de nada sirve que los colombianos elijamos un presidente, un vicepresidente y un programa de Gobierno, porque finalmente nos toca negociar y acoger lo que quieren quienes perdieron; como nos hicieron con el plebiscito sobre el Acuerdo de La Habana, donde el ‘No’ que ganó en las urnas fue burlado por Santos y las Farc, y terminó siendo sí.

Enhorabuena, el presidente electo, Abelardo de la Espriella, respondió haciendo un llamado a la recuperación de la institucionalidad, la unidad de los colombianos y la obediencia Constitucional, con o sin empalme.

A todos nos corresponde ahora defender nuestra democracia, porque sin ella, como dijo Octavio Paz: la libertad es una quimera.

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