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Columnistas | PUBLICADO EL 29 julio 2021

30 años de Batuta en Colombia

Por María Claudia Parias Durán*
www.fundacionbatuta.org

Cuando Ana Milena Muñoz de Gaviria, entonces Primera Dama de la Nación, tuvo la idea de crear Batuta en 1991, nadie imaginaba que en 30 años, más de 600 mil niños y niñas hubiesen hecho de la música una práctica de todos los días de sus vidas.

Ella lanzó la idea de constituir una entidad sin ánimo de lucro que pudiera conjugar los esfuerzos tanto del Estado como de la empresa privada y la cooperación internacional, para llevar la formación musical a todos los departamentos del país y permitir a los niños más vulnerables disfrutar de las artes. También consideró, en consonancia con los aires de la nueva Constitución, que la música debía hacer parte del desarrollo integral: un servicio básico para las necesidades del espíritu y la prevención de las violencias.

Batuta estuvo inspirada en El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, una obra social y cultural concebida y fundada en 1975 por el maestro y músico venezolano José Antonio Abreu, “para sistematizar la instrucción y la práctica colectiva e individual de la música a través de orquestas sinfónicas y coros, como instrumentos de organización social y de desarrollo humanístico”.

Pero cuando los 15 músicos colombianos que, bajo el liderazgo del maestro Manuel Cubides, comenzaron a diseñar las metodologías de formación grupal y a fundar los primeros centros musicales en varias ciudades del país, se encontraron de frente con problemáticas sociales muy distintas a las de la Venezuela de entonces. Dos de los factores que marcaron el camino de Batuta fueron las violencias estructurales y el conflicto interno, pues establecieron una manera de entender la formación musical como mecanismo para mitigar los efectos socio-emocionales del desplazamiento y prevenir crímenes tan complejos como el reclutamiento forzado.

Tanto en Venezuela como en Colombia, esta intervención está orientada a enseñar música a la infancia y la juventud en igualdad de condiciones y a generar la posibilidad de que opten libremente por hacer de la música su proyecto de vida. Pero en Colombia, Batuta ha sido el espacio en el que miles de participantes han generado vínculos amorosos y sanos con su entorno, con el fin de soñar con un futuro más justo para sí mismos y los suyos.

Una participante de Batuta oriunda de Florencia, Caquetá, señala: “la Fundación Batuta ha sido muy importante en mi vida, pues fue el único lugar donde pude olvidar el triste recuerdo que me traía la violencia, que me robó parte de mi alegría y la felicidad de mi familia. Fue en este lugar donde aprendí a olvidar duros momentos y pensar en la música y a disfrutar de la compañía de amigos y maestros que no solo nos brindaron su amistad sino también cariño, afecto, comprensión y apoyo. Batuta es el lugar donde me hacen sentir una niña importante y con muchas cualidades artísticas para salir adelante”.

A sus 30 años, Batuta ha sido una potente herramienta de transformación social por la que anualmente transitan 40 mil beneficiarios en 220 centros de formación musical. Celebramos su existencia y trabajamos intensamente por su sostenibilidad

* Presidenta Ejecutiva de la Fundación Nacional Batuta

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