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Con reutilización, la industria de la moda busca disminuir la contaminación, pero el ciclo no se cierra.
Tal vez ha escuchado, casi como un chisme, que la prenda de ropa que menos contamina es la que está en el clóset. Es decir, aquella que se usa por años consecutivos y que no se reemplaza o desecha cada vez que hay una nueva colección en las tiendas. Esa que, incluso, luego es donada al hermano menor o a un amigo o que es utilizada en la casa como trapo para sacudir.
Se dice esto porque la industria de la moda es la segunda más contaminante en el mundo, por encima de la manufacturera, la de energía y hasta la de transporte y alimentos, según un estudio de la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Dice que confeccionar unos jeans requiere de 7.500 litros de agua, lo que equivale a lo que bebe una persona en siete años, y que medio millón de toneladas de microfibra se arrojan cada año al mar, “lo que equivale a 3 millones de barriles de petróleo”.
Ya hay varias alternativas conocidas que buscan alivianar esta situación, como las tiendas de segunda...