Contrario a las dificultades que vive el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la hora de llevar a la realidad las numerosas promesas que realizó durante su campaña, durante la cumbre de líderes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), ayer en Bruselas, le fue sorpresivamente fácil cumplir una, la de presionar a la alianza militar para dos virajes: mayor aporte de sus naciones y compromiso contra el Estado Islámico (EI) en Siria e Irak.
Los líderes de la Otan respaldaron esas dos exigencias de Trump. Fundamentalmente, la que más suscitó discusión en medios durante los meses previos a la reunión en la capital belga fue la de equiparar en algo el gasto militar, lo que el magnate consideró en campaña necesario, al argumentar que Washington ponía demasiado recursos en comparación a sus aliados.
“Trump ha sido claro en su compromiso con la Otan, pero también en el mensaje a los aliados de que deben incrementar su gasto en defensa. Fue directo en ese mensaje”, indicó el secretario general de la alianza, Jens Stoltenberg, en una rueda de prensa al término de la reunión.
Por otra parte, los aliados también aceptaron que la Otan pase a ser miembro de la coalición que encabeza EE. UU. contra el EI en Irak y Siria —hasta ahora ya formaban parte de ella los 28 aliados, pero de forma bilateral—, algo ante lo que habían mostrado reticencias hasta ahora.