Al cumplir los 18 años Inés Madrigal supo que había sido un “regalo” que un doctor, Eduardo Vela, le había dado a su madre, Inés Pérez. Ella, una mujer estéril, la recibió de manos del médico como una bebé prematura, supuestamente, no deseada.
Al saber esto, Madrigal trató de recomponer su pasado: entendió la razón por la que no se parecía a su familia, asumió –no sin frustración– que no era capaz de ubicar su verdadera fecha de cumpleaños ni su signo en el horóscopo, y siguió con su vida. Pero en 2010 vio en el periódico El País de España un artículo sobre un hombre que había sido arrebatado a su familia en el hospital y vendido a otros padres. Entonces Madrigal dudó; no solo de su madre, sino del propio relato de su vida.