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La sospecha impera frente a los comicios en un país que esperaba superar heridas del golpe de Estado.
Tras 48 horas de incertidumbre y polarización, Honduras esperaba aclarar ayer la situación y saber cuál de los candidatos que se autoproclamaron vencendores —el presidente Juan Orlando Hernández y el opositor Salvador Nasrallah—, fue realmente el ganador de los comicios y el que presidirá el próximo gobierno.
Pero desde el Tribunal Supremo Electoral (TSE), bien temprano, se encargaron de empañar esa ilusión de estabilidad que tenían los hondureños ante unas elecciones que desde el principio fueron salpicadas por críticas y denuncias de amaño desde ambas orillas políticas.
El presidente del TSE, David Matamoros, respondió en rueda de prensa: “sabemos que estamos bombardeados con críticas, pero si no tengo actas, no las puedo divulgar”. Dijo que...