Esta semana el Canal Caracol lanzó quizás la mejor narconovela de todos los tiempos, la historia del capo de capos, Pablo Emilio Escobar Gaviria , el personaje más siniestro de nuestra historia. "El patrón del mal" se ha levantado de su tumba (impresionante caracterización), no para causar terror, sino con el vano propósito de "entretener" y propender por un "ejercicio de reflexión social".
No voy denigrar de dicha producción, es impecable y altamente absorbente. El caso es que Pablito tiene sometidos (otra vez) a los habitantes no solo de Medellín sino de todo el país. Con la puesta en escena de las andanzas del Patrón aumentan las riquezas de los mismos dos o tres "peludos", y mientras nos entontecemos viéndolo, su herencia latente en nuestras calles, nos pasa factura a punta de sangre.
Esta nueva apología del delito tampoco impedirá finalmente que nos podamos reconocer en la historia para evitar repetirla; por el contrario, con ello se seguirán labrando antivalores y conductas propias de "malandros", que cautivan la mentalidad de las nuevas generaciones. De los buenos nada se les pega.
La producción de la serie ha utilizado también los escenarios reales por donde se pavoneaba rampante la violencia y el narcotráfico de la época, para recrear con mayor fidelidad los acontecimientos que rodearon la historia de Escobar. El ejemplo vívido es el del barrio Antioquia o Trinidad, cuya mayoría de habitantes, decentes y honestos, han soportado el estigma social y el olvido de la institucionalidad, que pasa y pasa y pasa por allí, desde hace aproximadamente 60 años, cuando el sector fue decretado como zona de tolerancia. Hoy la institucionalidad sigue y sigue pasando por allí y nada cambia.
Yo, que también tuve mis andanzas en el "barrio", nunca he entendido cómo es posible que la policía sepa la ubicación exacta de las casas de vicio, tenga identificados a los "jíbaros" y a los jefes de las "plazas", y no ejerzan acciones de fondo. Al contrario, se despliegan acciones permanentes contra los consumidores (muchos padeciendo el infierno de la adicción). Siempre la cuerda se rompe por su lado más débil.
Denigrante para la mayoría, soportar la droga dominando todo rincón, desde puertas, rejas, alcantarillas, hasta aceras, contadores y basureros; lo que sea que a bien tengan para poderla "encaletar" y venderla fácilmente; indignante para una población obligada a silenciar, mientras en los oídos de sus resignados habitantes, retumban los códigos "todo bien, muévalo, la parca, chamo, viejito, la jaula, lobo, lobo...".
Radiografía inconclusa. Más de 20 expendios de droga, algunos con más de 30 años de antigüedad, la "plaza" más nueva lleva dos meses, en solo tres manzanas hay aproximadamente ocho expendios. Instituciones educativas y parques recreativos en poder de expendedores y consumidores; jóvenes madres que usan a sus hijas "de seis años" para transportar la droga mientras conducen sus Biwis; las esquinas de las "plazas" son vigiladas por más de diez "campaneros"; señoras que dicen ser matronas del barrio, tienen en sus familias los mayores expendedores de droga; miles de personas atemorizadas que no denuncian por la corrupción evidente de la policía? Policías de la Estación Belén han recibido "sueldos" de los expendedores del barrio Trinidad. ¿General, qué nos dice usted al respecto?.
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