- De niño pobre a maestro zapatero. Salvatore Ferragamo fundó la marca que calzó los pies más famosos del siglo XX.
- Sus zapatos son auténticas obras maestras del Made in Italy. Se siguen haciendo de forma artesanal.
- Hoy, la empresa celebra su 80º aniversario en Shangahi. Continúa en manos de la misma familia.
Elsa Fernández-Santos
Madrid, España
En el colegio, las hijas de Salvatore Ferragamo escondían sus pies. Su padre calzaba a medio Hollywood, pero a ellas les daba vergüenza que sus zapatos no fueran iguales que los del resto de las niñas florentinas. Giovanna Gentile y Fulvia Visconti no querían llamar la atención, pero llevar la contraria a su padre -un hombre tan tierno como estricto- era complicado. Ferragamo diseñaba para ellas los mismos zapatos que lucían actrices como Ava Gardner o Sophia Loren, pero les arrancaba el tacón. Zapatos de mil colores, realizados con materiales hasta entonces poco nobles, como la rafia, la resina o el corcho, en los que el zapatero italiano logró aunar una rica imaginación con la laboriosidad de un artesano.
"Yo era más rebelde que mis hermanas y algunas veces me negaba a ponerme los zapatos de mi padre. Cuanto más sofisticados eran, más nos horrorizaban a nosotras. Ahora me arrepiento de no haberlos guardado", confiesa Fulvia, encargada hoy de los estampados de la marca y del Museo Ferragamo de Florencia.
El comienzo
Nacido en 1898, en una familia pobre del sur de Italia, Salvatore Ferragamo hizo su primer par de zapatos con nueve años. Los fabricó en secreto, pues a su padre no le gustaba la idea de que quisiera aprender un oficio mal visto entonces. La oportunidad para demostrar que aquello de hacer zapatos no era tan indigno le llegó cuando sus padres no tenían dinero para comprar el calzado para la primera comunión de su hija pequeña, Giuseppina. Sin ellos no podría entrar en la iglesia. Sin decir nada, Salvatore le pidió prestado el material al zapatero que tanto admiraba, Luigi Festa, y en una noche, a escondidas, fabricó los zapatos blancos de Giuseppina. Fue la primera creación de un hombre tosco que se embarca, con 16 años, rumbo a Estados Unidos.
En Hollywood Boulevard se sitúa la primera tienda y el nacimiento de la leyenda. Las divas del cine mudo acudían al joven para hacerse los zapatos a medida. Ferragamo empezó a innovar con brocados, sedas, plumas y dorados para clientas como Gloria Swanson, Mary Pickford o Greta Garbo.
Pese al éxito, Ferragamo buscaba la perfección, y para eso necesitaba volver a las raíces de su oficio, a los artesanos que sólo en Italia darían respuesta a su ideal de calzado.
En 1927, después de estudiar anatomía del pie en la University of Southern California, regresa a casa. Y allí conoce a Wanda, una joven de 18 años.
Ferragamo no encontró mejor manera de declararse que diseñando para ella un par único: "de escamas de pez, ella los adora", explica una de sus hijas.
"Cuando mi padre murió, yo tenía 17 años. Su personalidad era muy fuerte y nos ha marcado a todos. Él nos inculcó la idea de familia", dice Giovanna Gentile, la hermana mayor. Giovanna, delgada y rubia, ha viajado a Shanghai con sus cinco hermanos para celebrar el 80º aniversario de la casa.
Los hijos de Ferragamo, encabezados por Ferruccio, forman hoy esa piña de carne y comercio que tanto anhelaba su padre.
Además de zapatos, las nuevas generaciones han ampliado el negocio con líneas sucesivas de ropa -la de mujeres está ahora bajo la batuta de la diseñadora española Cristina Ortiz- y de complementos.
Negocio familiar
La firma cumple años y ellos lo celebran acompañados por sus hijos y nietos, en el pulmón del nuevo consumo del mundo.
Una exposición en el Museo Moca de Shanghai y un desfile-fiesta con las colecciones para la próxima temporada de otoño invierno reúne a la familia del Made in Italy en el país de la copia. La paradoja no esconde una contradicción, dice Ferruccio Ferragamo; "en China no fabricamos, pero sí vendemos". Y mucho. Pisando muy de cerca al país en el que hay más demanda de la marca: Estados Unidos.
Todos los hijos de Ferragamo han trabajado para la empresa familiar, que supo sobreponerse a la bancarrota en los años treinta para reflotar en los cuarenta y vivir después dos décadas de hegemonía.
Los hijos de Ferragamo recuerdan cómo el padre inspeccionaba sus pies. "Siempre nos dijo que nos los cuidáramos, que nunca permitiéramos que el calzado les hiciera sufrir.
Le obsesionaba tanto la belleza del zapato como la del pie". En su biografía ( Zapatero de sueños), Ferragamo escribe: "Amo los pies. Me hablan. Cuando los tomo entre mis manos, advierto su fuerza, su vitalidad o sus defectos. Un buen pie de músculos firmes y bello arco es una delicia al tocarse. Un pie con los dedos torcidos y las juntas defectuosas, es una agonía".
Al regreso del colegio, los hijos de Ferragamo pasaban cada tarde por el taller de su padre, . "Íbamos al taller cada día, después del colegio, y luego nos llevaba a casa. Era muy divertido jugar con los restos de piel y los accesorios", recuerda Ferruccio. "Nuestro padre no sabía dibujar. Jamás diseñó un modelo. Él se llenaba la boca de agujas y empezaba a cortar y coser las pieles".
La muestra
En la exposición inaugurada en Shanghai además de exponer 500 modelo (de los botines verdes de duendecillo que realizó para Brigitte Bardot a los rojos de tacón y cristales para Marilyn Monroe), un veterano artesano de la fábrica Ferragamo mostraba su destreza con pieles, clavos y el martillo.
Frasconi explicaba con orgullo que tiene 56 años y que lleva desde los 17 martilleando hormas. Los últimos 23 años ha sido artesano de Ferragamo, del que hoy es responsable técnico del calzado de mujer.
"Mi padre también era artesano. El 90% del trabajo que hacemos es manual. Las máquinas intervienen lo mínimo. Clavos, pegamento?este oficio se hereda de padres a hijos, no hay ni escuela ni textos. No hay nada que dé más satisfacción que hacer un zapato de mujer, aunque hoy los diseñadores deberían ser más comprensivos y no pedir tanto trabajo imposible". Un reproche que cierra mirándose las manos. "Es difícil explicar lo que se necesita para hacer zapatos".
Diario El País, SL
Una empresa de cara al futuro
El éxito futuro de la firma está directamente ligado a la expansión en Asia. Por este motivo, su salida a Bolsa -con un mínimo de acciones que no hace peligrar el control de la familia- se anunció en Shanghai. "Somos los guardianes de la historia de Ferragamo", asegura Ferruccio, "la venta de una parte no será interferencia porque la familia siempre estará detrás. Es la manera de mirar al futuro". Michele Norsa, el consejero delegado, añade: "La globalización de la moda ha hecho más difícil que los pequeños nombres se mantengan. Una mente sólo puede recordar entre ocho y diez marcas. Así que sólo se puede ser muy competitivo".