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La disciplina se aplica desde los dos años

09 de junio de 2009
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Los angloparlantes tienen una reveladora expresión que dice "the terrible two's" y cuya traducción es "los terribles dos años" de los pequeños.

¿Pero dónde acaba la libertad del niño para desarrollar su personalidad y dónde empiezan los límites, en una época en que los expertos lamentan que los padres parezcan tener terror a pronunciar la palabra "no".

Hay decenas de teorías, casi tantas como progenitores, pediatras y psicólogos infantiles. Lo importante es que, una vez que se decidan por una, traten en lo posible de serle fieles. Cambiar la fórmula constantemente conlleva el fracaso asegurado y sumirá al niño en la confusión.

Es obvio que la limitación inicial la dicta la lógica: el primer límite se impone en cualquier situación que comprometa la seguridad y salud de los pequeños.

Disciplinar
Cuando hablamos de disciplina, la primera palabra que nos viene a la cabeza es "no". Pero el abuso de ésta, desvirtuará su sentido. La Academia Americana de Pediatría recomienda emplear esta expresión, pronunciada con firmeza, cuando lo que hace el niño supone un riesgo real para él. Es decir, si no se trata de una situación de riesgo, a veces es más útil desviar su atención, mientras que intentar jugar con cables eléctricos requiere de un "no" rápido y firme.

Recuerde que la curiosidad a estas edades es innata y fundamental para el desarrollo de nuestro hijo. Por ello, no permita que el "no" sea la palabra más escuchada por el pequeño en su día a día, y proporciónele un entorno en el cual explorar, correr y tocar sin riesgos.

Frases cortas y tono correcto
Otra clave es la longitud de las frases con las que se corrige al niño. Imaginemos que el pequeño intenta pegar al perro de la familia, o a otro amiguito. Es mejor decirle "no se pega" que "cariño, no hay que pegarles porque está mal y le haces daño". Habrá perdido la atención de su hijo en la tercera palabra de la frase.

Según las expertas Denise Fields y Ari Brown, autoras de Bebé 411 , lo que determina la efectividad no es el volumen de vuestra voz, sino el tono. Los gritos no lograrán mejores resultados y transmitirán un mensaje erróneo.

Una vez decididos los límites, es importante que toda la familia -abuelos, hermanos, tíos- y cuidadores del pequeño los conozcan y apliquen. ¡La perserverancia es básica! Cualquier regla que hayan establecido caerá en el olvido si, al cuidar del niño, unos la aplican, y otros no.

Por supuesto, la inmediatez es fundamental en esta etapa. Si su hijo ha hecho algo incorrecto, debe saberlo en ese mismo instante, y no cinco minutos después, cuando ya no comprenderá el regaño.

Es a esta edad cuando llegan las temidas pataletas. Se trata de una muy llamativa demostración física de enfado y rabia. A veces imprevisibles, pero inevitables, por lo que deben dejar que ocurran. Lo recomendable es que se asegure de que pueda "interpretar" su rabieta en un lugar seguro, sin intentar razonar en ese momento. Cuando acabe, será la ocasión para hablar.

Fields y Brown recomiendan también que los padres separen al niño de sus acciones. En la práctica, se trata de no decirle jamás al pequeño que él es malo, sino hacerle entender que lo que está mal es lo que hace.

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