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DARWIN EN POLÍTICA

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13 de julio de 2014
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"Conviene no olvidar que, aunque un elevado grado de moralidad no proporciona a cada individuo y sus hijos sino ventajas muy ligeras o casi nulas sobre los otros hombres de la misma tribu, con todo, cualquier aumento en el número de los hombres que tengan buenas cualidades, y en el grado de moralidad de una tribu, tiene necesariamente que proporcionar a esta inmensas ventajas sobre las otras". Charles Darwin, "El origen del hombre y la selección en relación con el sexo ", Capítulo V.

Hace 156 años, Charles Darwin y Alfred Wallace presentaban en la Sociedad Linneana de Londres los principios de la Teoría de la Evolución, que tanta luz dio a las Ciencias Naturales así como tantas críticas provocó en el establecimiento científico y religioso. Aunque algunos aspectos de la teoría están siendo revaluados, la hipótesis principal sigue siendo útil.

Si se puede asimilar la sociedad a un organismo vivo, con las ventajas y limitaciones que esto conlleva, valdría la pregunta si dicho organismo está evolucionando y si lo está haciendo en la dirección correcta o va camino a su destrucción.

Según la propuesta de Darwin y Wallace, en una sociedad los individuos con mayor probabilidad de prosperar, aumentan su cantidad porque pueden reproducirse exitosamente, reduciendo a su vez las probabilidades y el número de los demás miembros. Este mecanismo, de ser cierto, no resultaría aterrador si fuesen los individuos virtuosos, eficaces, confiables, comprometidos y solidarios quienes prosperaran y aumentaran su participación en ella, y especialmente en su dirección y manejo. Pero ¿qué destino le depara a una sociedad si las mayorías, y especialmente sus dirigentes, no son así?

Cuando son los corruptos y los truchimanes los que por medio de la traición y la intimidación prosperan y son elegidos, o reelegidos, para gobernar a todos, el futuro se torna pavoroso, especialmente porque ellos buscarán eliminar a quienes se comportan de forma contraria, pues el contraste los hace más visibles y a sus fechorías. Nada más incómodo para un delincuente que la existencia de personas honestas. La homogenización los camufla y reduce su sentimiento de culpa, en caso de tenerlo.

Pero aunque en el corto plazo los traidores y corruptos prosperan, la naturaleza castiga a las sociedades u organismos que establecen conductas inapropiadas o inconvenientes, lo que para algunos explica por qué tantas culturas prohíben el incesto. Lo peligroso de este desenlace es que en muchas ocasiones el costo es enorme y cruel, indiscriminado y a veces tan fuerte que ni siquiera alguno de sus miembros sobrevive para que sea el inicio de otra sociedad.

Elegir y reelegir incompetentes y mentirosos, investir con poder a individuos incorrectos e inescrupulosos es el rumbo hacia la extinción. Premiar a los delincuentes, que por falta de determinación y facilismo fueron igualados con la gente honesta y cumplidora de la ley, pues hoy "es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador... ¡Todo es igual…", dice el tango Cambalache; volverlos senadores si es del caso y evitar que paguen por sus delitos en aras de una rendición disfrazada de paz, son ejemplos de involución social.

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