La mujer que de niña entrenaba con los tenis del colegio, que en las competencias corría con zapatillas prestadas, en ocasiones descalza, y que con 14 años abandonó su pueblo y sacrificó el calor de su hogar con la intención de formarse mejor como atleta, logró anoche el sueño de su vida: ser campeona olímpica.
Caterine Ibargüen, la morena colombiana que ayer brilló con más fuerza no solo por su contagiosa sonrisa sino también por conquistar la medalla de oro en los Juegos de Río de Janeiro, mostró supremacía mundial al imponerse en la prueba de salto triple.
Con una marca impresionante de 15,17 metros, la nacida hace 32 años en Apartadó, municipio antioqueño que se desbordó en alegría, dio el salto más importante de su vida, el de la consagración, el que dejó su nombre inmortalizado en la historia del deporte colombiano.
El sábado, en la fase de clasificación, Ibargüen tuvo un paso fugaz por el estadio olímpico al asegurarse el paso a la final con un solo brinco -14,52-. Ayer, luego de su hazaña, no quería abandonar el escenario deportivo, en el que no paró de posar con la bandera nacional y un sombrero vueltiao en señal de triunfo, orgullo y felicidad. “Se sabía que no iba a ser fácil llegar hasta aquí. Estoy muy feliz porque no es una medalla que se trabaja en uno o dos días, es durante años y años; le doy gracias a Dios que me dio la posibilidad de lograr este sueño”, fueron las primeras palabras de la campeona.
El salto a la gloria
Antes y después de salir de la arena, Caterine desfilaba en la pista como si fuera una modelo. Al final lo hizo como una verdadera reina.
Mientras millones de colombianos la seguían por televisión y se comían las uñas al verla correr, ella, de blusa azul, licra roja, medias y tenis verdes y con su tradicional ritual de llamar con sus palmas a los cerca de 40 mil espectadores para que la animaran, lució tranquila y sin preocupación pese a la presión que le metieron dos rivales en la primera salida, la estadounidense Keturah Orji -14,71 m- y la última campeona olímpica, la kazaja Olga Rypakova -14,74-. Caterine inició con 14,65.
Pero en el segundo, la criolla sacó a flote su potencial al pasar de la barrera de los 15 metros (15,03), marca que ninguna rival pudo superar.
La venezolana Yulimar Rojas, de 21 años, evidenció también que tiene un gran futuro al quedarse con la plata luego de un registro de 14,98; Rypakova fue bronce con los 14,74.
“Ella se lo merece, es una gran persona y excelente competidora”, expresó Ubaldo Duany, el entrenador cubano que convenció a Caterine para que practicara salto triple y quien rompió en llanto al ver la gesta de su pupila.
“Este es el trabajo de muchos entrenadores, sobre todo los cubanos, que sacrifican tiempo sin estar con la familia para salir adelante. También a Colombia, que me adoptó como un hijo”.
Ibargüen, entre tanto, indicó que seguirá trabajando para agrandar su leyenda.
“Nada que valga la pena es fácil, todo hay que trabajarlo con esmero y disciplina. Logré un sueño que una vez se me nubló pero seguí trabajando por él. Le digo a la juventud que piense en cosas grandes y luche por ellas”, se despidió la reina olímpica del salto triple, quien con sus brincos puso a vibrar a todo Colombia. Gracias campeona .