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Un enclave cafetero en Santa Rosa de Osos defiende su tradición. Pide que se reconozca su espacio en una región con otras vocaciones productivas.
Las montañas del corregimiento de San Pablo están cubiertas de cafetales espesos, como si los pocos campesinos que habitan esa zona se hubieran puesto de acuerdo para no dejar espacio a la duda sobre lo que saben hacer. Cultivan café en Santa Rosa de Osos, sus fincas conforman el único rincón de ese municipio en que se habla del grano más que de leche y ganado.
Walter Pérez es caficultor, un hombre tímido y golpeado por el sol. Tiene 48 años, vive con sus padres y uno de sus tíos en una finca con fogón de leña y muebles rústicos, una lora que no habla, naranjas dulces y 12 mil árboles de café.
De esos cafetales sale el grano que Pérez, con tono de catador, define como “suave, ni ácido ni amargo, acaramelado, cítrico y de muy buen cuerpo”. Lo...