Si en Afganistán cuesta el hecho de ser mujer, entonces ser mujer valiente, fuerte, independiente y con deseos de tener derechos reales parece imposible. Nasrine Nawa, 26 años, sicóloga de oficio y periodista por vocación, lo siente:
“Desde el momento en que pongo mis pies por fuera de la casa llega una exposición de siniestras miradas, que siguen por todo mi barrio, por las tiendas, los mercados, la peluquería. Me observan muy cuidadosamente, y aunque me ven a diario, no sé por qué no se aburren de mi cara. Son sobre todo hombres, pero a veces las mujeres también lanzan insultos.
Hoy, mientras esperaba un taxi, recibí una docena de comentarios descorteses en solo cinco minutos. Escuché por ejemplo: ‘hey, súbete a mi auto, te puedo llevar a un lugar hermoso’.
En esta sociedad la gente comenta y piensa que las chicas como yo están molestando gravemente a los demás y que no estamos listas para desempeñarnos en actividades profesionales como los hombres.
Mi familia me deja ser libre, pero aquí hay muchas que están presionadas en casa. Incluso, no se les permite salir con amigos y aún más frustrante es que tampoco puedan ir a la escuela o la universidad.
Casi todas las afganas llevan la carga de honor y dignidad de un hermano, de un vecindario o de una tribu. La mayoría no viven de la manera en que quisieran. Y para las nuevas generaciones es muy difícil llevarse bien con una sociedad tradicional que no quiere que estudiemos, trabajemos y vivamos en libertad.
A veces pienso que somos como prisioneras en un país donde las celdas son invisibles”.
La televisión, un artilugio
Nasrine no busca marido. Nasrine no tiene hijos ni se queda en casa esperando a que alguien lleve de comer. Con un velo que apenas cubre parte de su cabeza y esmerada en su maquillaje y vestuario, desde hace tres meses va todos los días a trabajar como directora de programación en Zan Tv, que empezó a emitir el 21 de mayo de este año y se convirtió en el primer canal de televisión para mujeres en Afganistán donde ser periodista ya es una hazaña y ser mujer periodista es un desafío al establecimiento:
“El primer reto es la seguridad. Las amenazas son más constantes contra nosotras que contra los muchachos. Luego, está el problema cultural. Un grupo grande de personas todavía cree que las mujeres que trabajan en los medios de comunicación no son buenas niñas y están faltando a la ética. Y queda lo laboral: la verdad es que los hombres nos llevan años de ventaja en formación y experiencia profesional, y luchar contra eso a la hora de presentarse a un trabajo es duro.
Pese a todo eso, que parece no favorecernos, estoy convencida de que los medios son muy eficaces para conectarme con la gente. En una sociedad en la que una madre y un niño están interesados en encender un televisor en lugar de leer un libro, la mejor manera de conocerlos y alterar su situación cultural y social es la pantalla chica.
Quiero demostrar que es posible hacer una presencia activa en la sociedad al participar en la televisión, quiero convertirme en un buen patrón para otras chicas con talento que me ven desde su hogar y que tienen todo el potencial para ser personas activas, quiero inspirar para que haya mujeres más independientes, que tomen parte en la política y la economía.
Afganistán lo necesita. Tenemos 49 medios de comunicación activos, pero en la televisión la mayoría de empleados son hombres, cuando tenemos mujeres muy profesionales en edades variadas que deben tener la oportunidad de ser conocidas y de convertir su voz en un artilugio para comunicar ideas prolíficas.
Antes ya había trabajado tres años en el campo de los medios de comunicación, pero llegué a Zan Tv segura de que vamos a poder alterar lo que parece inamovible en Afganistán.
Mi familia siempre me ha apoyado y están orgullosos de mis actividades. Mis amigos también aprecian mi trabajo y me desean éxito. Siempre me dicen que cualquier día yo seré causante de una gran evolución, una evolución que tal vez ya comenzó con los mensajes de mujeres que ahora sueñan con hacer lo mismo que yo.
El efecto Zan
Zan, que significa “mujeres” en árabe, fue idea de un hombre: Hamid Samar, un empresario que por 14 años le dio empleo a mujeres de bajos recursos en Afganistán. Encontró que éstas solo alcanzarían un liderazgo en la sociedad si llegaban al que para él es el segundo poder, el de los medios.
El proyecto inició con recursos de su propio bolsillo y poco a poco se fueron sumando organizaciones de derechos humanos para lograr un objetivo: que las 54 periodistas que trabajan en Zan Tv encabecen la próxima generación mediática de esa nación.
Ellas, entre las que está Nasrine, tienen entre 17 y 28 años, la mitad son calificadas y el resto apenas están aprendiendo a desempeñarse en un canal de televisión, porque nunca tuvieron acceso a educación.
En Zan TV hay 11 programas productivos relacionados con cultura, deporte, salud, familia, música y entretenimiento. Tres espacios políticos con contenidos como justicia para las mujeres, entrevistas especiales, dos noticieros y boletines de última hora.
La visión feminista del Islam también es discutida, así como los derechos reproductivos, la gestión de finanzas y el acceso a carreras. El rating suele elevarse con Daily News, un programa presentado por la joven Yasamin Yarmal, que ofrece conversaciones con mujeres afganas radicales como la política y activista Fareeda Kuchi Balkhi, de la tribu nómada Kuchi.
Aunque el objetivo no es dividir, el rechazo ha estado presente. Durante la primera semana de emisión, en mayo, un grupo de hombres le advirtió a Hamid que boicotearían la transmisión y en la página de Zan en Facebook es posible ver comentarios de quienes consideran la propuesta “inmoral”.
Pero no todo anda mal, advierte Nasrine:
“Desde mayo pasado, cuando lanzamos Zan Tv, hemos tenido algunos comentarios prometedores de hombres educados e ilustrados, y aunque el Gobierno controla los medios, no nos han censurado. Un promedio de 90.000 personas están sintonizando el programa de noticias de la mañana.
El canal fue una chispa para que todas las mujeres reflexionen profundamente sobre nuestros derechos.
De hecho yo misma estoy ahora más conmovida con el deber de luchar por la igualdad de género. Esa se volvió mi preocupación principal, incluso mucho más que los desafíos de la seguridad.
No sé qué tan lejos está Afganistán de lograr la igualdad de género. Si lo predecimos considerando la situación en la que estamos ahora, diría que nos encaminamos hacia un profundo desastre de discriminación, porque así son las cosas que suceden en este país: una niña fue asesinada por varios hombres en el centro de Kabul, las madres obligas a sus hijas a trabajar como siervas para sus hermanos, las mismas mujeres se llaman segundo sexo y, como ocurrió en siglos anteriores, aún las muchachas son apedreadas y enterradas vivas en sepulcros.
¿Cómo podemos alcanzar la igualdad de género? Estamos lejos, pero el hecho de que nosotras ya estemos en la televisión podría conducir a que, tal vez, en 50 años podamos ver cambios fuertes”.
49
estaciones de televisión hay en Afganistán y solo una está dirigida por mujeres.