Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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Las mujeres no estudiaban, su función era casarse muy jóvenes, ordeñar vacas y tener hijos. Eso tan particular pasaba en la familia de mi mamá.
Yo vivía en Pensilvania, Caldas, en la vereda San Daniel. Estaba entrando en la adolescencia, ya tenía acné. Recuerdo que un hermano de ella siempre nos llevaba dulces. A veces él me convidaba en otra parte y allá me tocaba. Entonces era tal mi inocencia que pensaba que ese tío lo tocaba a uno así por cariño. Además me sentía intimidada y nunca le conté a nadie porque podrían decir que lo había provocado (ahora sé que eso es abuso e incesto).
La moral siempre fue para mí difícil en este ejercicio de la prostitución. En ese sentido le daba cátedra a los hombres. Un médico alguna vez me dijo, mientras nos tomábamos un trago:
—Me estoy encaprichando mucho con vos, ¿te gustaría ir conmigo al consultorio?
—¿Dónde está la ética, señor? —le dije—. Así esté en la prostitución usted no puede perder la ética. ¡Cómo me va a llevar a su consultorio!
Se quedó sorprendido...