Una constante e interminable búsqueda. Susana Valencia ha dedicado la mitad de su vida a ser una “rara”. A salirse de la caja, como ella misma lo describe. Si hay un detonante, podría ser el pregrado de literatura y filosofía con el que atravesó su vida de preguntas. De dudas que la movieron a estudiar naturismo, medicina china y a vivir con unos curas a las afueras de Bogotá, estudiando las propiedades del agua, del barro, del ayuno. Aprendió a aprender y no lo ha dejado de hacer.
Viajó a la India, a Indonesia, a Brasil. A rincones y periferias de Colombia, en búsqueda de conocimiento y de más preguntas. Ha bebido de la medicina ancestral y su camino la ha llevado a recibir vidas como partera, como doula, y a despedir a otras en su lecho. Su conexión con el cuerpo, con su salud, su enfermedad, su muerte, dice, le ha abierto la comprensión de lo humano. Creó Manos Holísticas, donde se acompaña, se enseña y se comparten pregunta.
¿Qué definición le da a cultura y qué significa, para usted, ser líder?
“La cultura es el tejido que nos teje. Es un lazo invisible, transgeneracional, que nos une. Que determina hábitos, costumbres, tendencias. Que nos sobrepasa. El liderazgo es un regalo enorme a través del cual puedo compartir quién soy; y a la vez una responsabilidad muy grande porque implica que mi ser tiene que ser un reflejo de lo que yo enseño y predico. Es un sueño por cumplir, que cada vez crezca más, que cada vez sea más grande, que el conocimiento que estoy compartiendo pueda llegar a cada vez más gente”
¿Por qué lo hace, qué lo motiva a hacerlo?
“Algo muy importante es que nos hagamos preguntas. Y que nos atrevamos a vivir con el peso de hacernos las preguntas importantes de la vida. Que a través de ellas podamos encontrarle sentido a la vida. Que nos preguntemos para qué venimos, cómo debemos vivir, cuál es nuestra misión con los animales, con el prójimo, a dónde vamos. Y luego empezar a estudiar. Las preguntas nos deben llevar a estudiar la naturaleza humana, la biología. Yo brindo una educación que busca impactar en nuestra conexión con la vida. Una cosa elemental es comenzar a preguntar, no dejarnos asustar”.
¿Qué o quién lo inspiró y cómo inspirar a los demás?
“Es importante saber que tanto lo bueno como lo malo están ubicados al mismo costado. Ese es el legado que he aprendido. Ese positivo y negativo tienen muchos grises en el medio. Me motiva que lo que yo estoy haciendo va más allá de mí. Lo que yo estoy intentando compartirle al mundo me trasciende. Hay una fuerza trabajando por detrás de mí, y creo que traer de vuelta la espiritualidad a todos estos servicios de dar, como la salud, es fundamental. Eso se ha perdido. Me motiva que este proyecto puede crecer y ayudar”.
¿Quiénes están detrás de los procesos que lidera?
“Mi familia, que ha creído en mí y me ha dejado volar a la altura que yo he querido. Mi esposo y toda esta gente que duerme a mi lado, que conoce las angustias, los logros, las luchas cotidianas, lo que hay detrás de estos emprendimientos que son diferentes, que implican trochas distintas a lo habitual, que exigen preguntarse tantas cosas. Todas las personas que están junto a mí, que van desde la secretaria, el mensajero, la enfermera, el equipo de trabajo que va a los partos o atiende el consultorio conmigo. Toda esa gente que se atreve a pensar diferente, que se deja cuestionar y se pregunta a la par conmigo. Los pacientes, las mamás y familias: si ellos no me hubieran permitido el regalo de la intimidad de sus cuerpos, tampoco yo sería quien soy”.
¿Cómo visibilizar más procesos como el suyo?
“Yo creo que el Estado debería apoyar muchísimo más todas las técnicas y la parte de educación en salud. El Estado debería avalar el parto domiciliario y tener una escuela de partería, debería tener alianzas con instituciones como la nuestra, porque podríamos ayudar muchísimo en zonas donde hay condiciones muy difíciles”.