Su proceso es como un reencuentro con la esperanza. Dora Saldarriaga impartía sus clases de Derecho Constitucional hablando, de tanto en tanto, de una política electoral que le daba pena. “El primer paso es reconciliarse con la utopía”, dice. Dora ha soñado los últimos años una Medellín repleta de mujeres en los escenarios de poder. Así lo aprendió de su familia. A ocupar espacios que no estaban, decía la norma, destinados para ella.
Fue la voz de sus vecinos de su vereda (Piedras Blancas). Allí conoció la brecha que la separaba a ella, habitante de la ruralidad, de los que vivían en la ciudad. Su camino, trazado en las plazas públicas y la academia, la llevó a Estamos Listas, el primer proyecto electoral con agenda feminista. Allí se labró...