“Esa noche estaba lloviendo demasiado, tenía muchas ganas de ir a entrenar pero mi mamá no me dejaba salir. Ya me había advertido que no le gustaba que jugara rugby, pero a mí me encantaba. Entonces, como no me dejó ir, me escapé”.
Así, Laura Mejía Diosa rememora la locura más grande que ha hecho por el rugby. Tenía 15 años y un par de meses de practicar este deporte que la impresionó desde el primer momento en que lo conoció en una exhibición en la Institución Educativa La Trinidad, donde, para ese momento, cursaba noveno grado.
En esa ocasión llegó emparamada a la práctica y cuando volvió a la casa se encontró un fuerte regaño, “por desjuiciada”.
“Yo soy muy brusca y cuando lo vi -el rugby- pensé: ¡Ay, ese deporte es el mío!”, cuenta en medio de risas contagiosas esta espigada jugadora del municipio de Copacabana, de 17 años, y que renunció a su sueño de jugar el Ponyfútbol para perseguir la guinda.
Ya han pasado tres años desde ese instante y Laura aún no deja de emocionarse cada vez que pisa el terreno de juego.
Fue allí donde desarrolló una técnica asombrosa. Con su equipo, Copacabana Rugby Club, se volvió una “Diosa”. Es la “10” -apertura-, “la que tiene la mejor visión del juego de ataque, la que arma las jugadas... Es el cerebro del equipo”, comenta Lissete Martínez, entrenadora de la Selección Colombia juvenil femenina, quien la eligió como capitana de Tucanes para buscar el sueño Olímpico (ver informe anexo).
Aunque ya hacía parte de varios procesos en categorías menores en la Selección, su oportunidad en el combinado patrio llegó solo hasta el año pasado cuando fue elegida para integrar el elenco absoluto que participó en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta. Su debut fue dorado, pues las Tucanes se quedaron con el oro.
Ahora, en su regreso a la juvenil, en la que se ha destacado gracias a su experiencia en otras categorías, emuló, con su equipo, lo hecho por las mayores en 2016 cuando lograron el cupo a los Olímpicos de Río.
Por eso hoy, cuando ve cumplido el objetivo que se trazó vestida con el uniforme tricolor, recuerda todos los sacrificios que hizo en el camino, como perderse los planes familiares con sus papás, Aleyda María y Justo Germán, y Valeria, su hermana mayor; dejar de comer las arepas con carne desmechada que tanto le gustan por mantener la dieta de un deportista de alto rendimiento, dibujar caricaturas o, incluso, aplazar el inicio de sus estudios de Fisioterapia en la Fundación Universitaria María Cano, para dedicarse de lleno al sueño olímpico.
Pero como dice el viejo refrán, “cuando una puerta se cierra, otra se abre”. Gracias a su disciplina y entrega por el rugby, Laura se convirtió en beneficiaria de la iniciativa de Diplomacia Deportiva y Cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores, que le permitirá hacer un intercambio deportivo por 15 días en España durante el mes de abril.
Laura también le dedica tiempo a enseñar a menores porque, a su actitud talentosa y guerrera, le suma el placer de transmitirles sus conocimientos a los que vienen detrás con la misma pasión con la que ella inició un día.