La primera impresión que genera la ciclista antioqueña María Luisa Calle es la de una mujer tímida y ensimismada. Sin embargo, en la medida en que toma confianza con las personas con las que está conversando empieza a hablar más fuerte, a hacer chistes con el humor sutil que la caracteriza y que lleva a que mire con cierta picardía a quien le dirige cualquier comentario.
Fue esa misma picardía la que utilizó finalizando la década del 90 para dar, contra viento y marea, el salto entre el ciclo montañismo, modalidad en la que inició su relación con la bicicleta, y las pruebas de pista y ruta, que fueron las disciplinas en las que se dio a conocer en 1998 en la Copa del Mundo que se realizó ese año en Cali.
Para el momento en que María Luisa surgió, el ciclismo femenino no tenía mucho apoyo. Tampoco había muchas mujeres que se le midieran a enfrentar los dolores, las caídas, los cambios de clima repentinos, los sacrificios y las frustraciones en el alto rendimiento.
Por eso y por su talento fue que ella se convirtió en la pionera de las gestas del ciclismo femenino colombiano a nivel internacional: participó en los Olímpicos de Sydney 2000, en los de Atenas 2004 –donde consiguió una histórica medalla de bronce, que le fue retirada por un supuesto dopaje y luego se la regresaron cuando se comprobó que no incurrió en tal falta–, en los de Pekín 2008 (donde fue la abanderada de Colombia) y Londres 2012, que fueron sus últimas olimpiadas.
También fue campeona en el mundial de ciclismo en pista, en la modalidad de scratch, que se realizó en Burdeos, Francia, en abril del 2006. Ahora, María Luisa Calle es una mujer empoderada, que espera que su relación con el ciclismo solo termine “cuando la muerte nos separe”. En Bogotá, en el lanzamiento del documental ‘Con Ojos de Ciclista’ de Caracol TV, en el que ella es protagonista, conversó con este diario.
¿El ciclismo femenino ha evolucionado en los últimos años?
“Creo que ha avanzado mucho, hay bastantes muchachas con talento practicándolo. Sin embargo, creo que es necesario que evolucione un poco más en el país porque si ellas quieren llegar a la élite se tienen que ir a correr a Europa o Estados Unidos, que es donde está el nivel más alto en este momento”.
¿A qué se debe el auge del ciclismo femenino en Medellín?
“Yo creo que ahora son muchas más las mujeres que lo practican, pero la mayoría lo hacen recreativo. Ellas empezaron durante la pandemia porque no podían ir al gimnasio y se dedicaron a montar en bicicleta. Uno subiendo a La Unión se puede encontrar más mujeres que hombres. Pero pocas están dispuestas a correr en la élite”.
¿Por qué no están dispuesta a meterse en el alto rendimiento?
“Porque uno para poder correr con la élite tiene que estar entrenando todos los días y estas son personas que trabajan o estudian y eso no permite que estén completamente dedicadas al ciclismo. Además, a muchas les puede dar miedo salir a rodar en las carreteras entre semana”.
¿Por qué?
“Porque en este momento salir a montar es algo peligroso. Por ejemplo, yo lo hago tranquila porque llevo mucho rato montando, pero admiro mucho a las mujeres que empezaron hace poco porque por las vías circulan muchos carros particulares, buses, motos que se atraviesan, entonces uno tiene que dominar bastante la bicicleta para evitar cualquier accidente y eso no es fácil”.
¿Sigue montando bicicleta?
“Sí, todos los días monto en bicicleta. Yo vivo en el Oriente y siempre me gusta salir por allá. Suelo recorrer Guarne, Rionegro, Marinilla, La Unión, El Retiro, La Ceja. Además, sigo ligada a este deporte porque trabajo con el Team Medellín y organizo la ruta Medellín”.
¿Cómo se siente tras lo que pasó en 2004 con el bronce?
“Tranquila. Sin embargo en esa época eso se me hizo eterno, pero luego me pasaron muchas cosas buenas. Gané campeonato del mundo, medallas en los Juegos Panamericanos, Centroamericanos, entonces pienso que fue un momento maluco de la vida, pero se quedó como eso y ya”.
¿Fue justo lo que pasó?
“No porque todo el escándalo se armó por una pastilla que me tomé para un dolor de cabeza. Sin embargo pienso que las cosas pasan por algo y solo queda seguir para adelante. Sin embargo lo bueno fue que seguí en el ciclismo, que nunca me bajé. Esa experiencia fue algo que me fortaleció”.
¿Por qué no se bajó de la bicicleta después de lo de Atenas 2004?
“Porque mi entrenador era José Julián ‘El Chivo’ Velásquez y el siempre fue muy fuerte conmigo, y me decía que no me bajara. Cuando veníamos en el avión de Atenas me dijo que al otro día tenía que salir a montar. Su apoyo y el de mi familia me ayudaron a salir adelante.
¿Tuvo acompañamiento de psicólogos?
“No. La bicicleta siempre fue mi mejor psicólogo. Por eso no quiero bajarme nunca de ella”.
¿Cómo se forma una campeona?
”Con mucho sufrimiento, sacrificio y se debe mentalizar de que es realmente buena. Además tiene que entrenar demasiado duro, casi matarse para llegar a ese nivel”.