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El manbol, el nuevo deporte que nació en Brasil, ¿en qué consiste?

Esta disciplina amazónica, que empezó a jugarse con mangos, viene ganando adeptos en este país, en el que ya cuenta con cuatro federaciones deportivas, la de Río, Pará, Ceará y Brasilia.

  • El manbol ya cuenta con unos 2.000 aficionados en Brasil, un país de más de 200 millones de habitantes y se ha exhibido en once naciones de Sudamérica, Europa y Asia, según Rui Hildebrando. FOTO AFP
    El manbol ya cuenta con unos 2.000 aficionados en Brasil, un país de más de 200 millones de habitantes y se ha exhibido en once naciones de Sudamérica, Europa y Asia, según Rui Hildebrando. FOTO AFP
05 de marzo de 2024
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Todo empezó con dos hermanos jugando con mangos en la Amazonía brasileña. Aquel pasatiempo de chicos ahora es un deporte con reglas y adeptos, y ya se juega, aunque con timidez, en varias regiones de Brasil. Bienvenidos al manbol.

Cerca del borde que divide el malecón de la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, una red colorida da relieve a una cancha poco habitual. Sobre la caliente arena dorada, unas cuerdas azules forman un rectángulo de 10 metros de largo por cinco metros de ancho.

¿Es una pista de tenis o de voleibol? La duda se disipa, aunque no por completo, cuando los cuatro practicantes de manbol -”manbolistas”- comienzan a lanzar de un lado a otro, de forma simultánea, dos pelotas parecidas a las del fútbol americano y el rugby.

Son más pequeñas que las usadas en esos dos deportes y su diseño tiene una inspiración más folclórica: la pepa de los mangos con los que Rui Hildebrando y su hermano menor, Rogério, jugaban de adolescentes en Belém do Pará, una ciudad en la Amazonía de Brasil.

En el puesto 4 de Copacabana, Rui -de baja estatura y pelo teñido de rubio- dispone a la cancha para los curiosos que quieran iniciarse en su mundo surgido hace más de dos décadas.

“Al principio era un simple juego con mangos. Lanzaba el mango para mi hermano y él lo lanzaba de vuelta. Era una lucha para que el mango no cayera al piso. Luego puse reglas lúdicas y me di cuenta de que usar dos mangos daba más energía. No parábamos, el juego se hacía más rápido”, dice Rui, de 44 años, a la AFP.

“Quedas cansado”

La afición de los hermanos agradó a otros parientes y amigos. Con el paso del tiempo, Rui Hildebrando pulió el reglamento y los materiales para practicarlo.

En 2004, con motivaciones deportivas y empresariales, fundó la Confederación Brasileña de Manbol. Fue la creación oficial de un deporte que actualmente se practica sobre el césped de la Amazonía o en playas de Río, sedes habituales de múltiples disciplinas.

Bautizado por la unión de las palabras mango y bola, el manbol tiene un reglamento sencillo: se juega con las manos y se anota si la pelota cae en el piso del campo contrario o si el adversario la envía fuera de los límites. Si ambos bandos marcan en la misma jugada, el punto se repite.

Puede practicarse en cualquier superficie con hasta tres jugadores por equipo y vence el primero en ganar dos sets de doce puntos. En promedio, cada partido dura entre 15 y 25 minutos.

“Es muy dinámico y las dos bolas lo hacen muy divertido. Quedas cansado tras jugarlo, pero es cuestión de práctica”, afirma Adriana Mathias, una profesora de educación física de 46 años, “manbolista” desde 2007.

Sueño lejano

Poco conocido por los brasileños y sin atletas profesionales de momento, ha ganado terreno lentamente y ya cuenta con federaciones en cuatro estados brasileños (Río, Pará, Ceará y Brasilia).

Fue reconocido como una “modalidad deportiva” por una ley de la cámara municipal de Belém en enero de 2016 y presentado al presidente Luiz Inácio Lula da Silva en junio pasado.

“Es un deporte inclusivo que puede ser jugado por personas de todas las clases y edades. Trabaja diversas habilidades físicas, agilidad, reflejos. Tiene todo para crecer”, apunta Katia Lessa, presidenta de la Confederación de Manbol de Río.

Las autoridades de este deporte amazónico sueñan con que algún día pueda convertirse en una disciplina olímpica, una aspiración que por ahora luce muy lejana en una tierra más seducida por el fútbol o el voleibol. Pero no bajan los brazos.

Al lado de la atlética Lessa, que protege sus ojos del fuerte sol con unos amplios anteojos oscuros, la fisioterapeuta Beti Biaggi observa curiosa un deporte que hasta la fecha desconocía.

“Me llamó la atención la agilidad, la movilidad”, dice esta fisioterapeuta de 53 años. “Me pareció muy interesante, por eso me detuve a mirar”.

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