<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
x
language COL arrow_drop_down

De tal palo tal astilla: el papá salvó Hidroituango, el hijo le dio alegría al tenis antioqueño

Giraldo, de 24 años, junto a Sergio Hernández, integraron la dupla que venció a Farah y Cabal en su último partido como profesionales.

  • En la foto están Sergio Hernández, William Giraldo, su esposa y Diego, que está cerca de graduarse como ingeniero eléctrico. FOTO cortesía
    En la foto están Sergio Hernández, William Giraldo, su esposa y Diego, que está cerca de graduarse como ingeniero eléctrico. FOTO cortesía
17 de noviembre de 2023
bookmark

Un padre orgulloso que arriesgó el pellejo para mantener en pie la esperanza de grandeza de Antioquia. Un hijo con un talento envidiable para jugar tenis que puso a celebrar a todo el departamento tras lograr, junto a Sergio Hernández, un hito en la modalidad de dobles de los Juegos Nacionales.

Diego Giraldo es alto, delgado y tímido. William, su papá, es un poco más bajito, tiene un bigote noventero que lo acompaña desde hace varios años y, al igual que su descendiente, es un poco callado.

El muchacho, que cuando entra a una cancha de tenis se transforma y juega con una agresividad rabiosa, fue fundamental para vencer a Juan Sebastián Cabal y Robert Farah en las semifinales del otrora deporte blanco en las justas multideportivas que se realizan en el Eje Cafetero.

Al progenitor, por su parte, lo consideran un héroe. Es el vicepresidente de proyectos de EPM y en 2019 fue el encargado de cerrar la compuerta de la casa de máquinas de Hidroituango, cuando la megaobra estaba en riesgo por fallas en la infraestructura.

Hacerlo era un tiro al aire. Ese día de enero cualquier cosa podía pasar. Por eso evacuaron a todo el personal que estaba en la planta. William pudo delegar la tarea azarosa a otra persona, pero decidió hacerlo él. Estaba solo cuando apretó el botón. La compuerta se empezó a cerrar. Corrió como un velocista hasta llegar a la cúspide de una montaña. Allí lo esperaba el helicóptero que lo alejó del peligro. Después de un momento de tensión extrema, volvió la calma.

Una herencia invaluable

Diego admira profundamente a su papá. Piensa que es, de sus hermanos, el que más se parece por su entereza y carácter. Por eso la palabra de su padre para él es sagrada, algo que lo motiva a mejorar, crecer. Y eso, tal vez, fue lo que lo impulsó en el “juego de su vida”.

“Antes de empezar el partido contra Cabal y Farah mi papá me dijo que si él había podido salvar Hidroituango, yo era capaz de ganarles a ese par de monstruos en la cancha”, dijo el deportista con un tono de voz alegre.

El duelo duró dos horas desgastantes tanto en los física como en lo mental. Los vallecaucanos hicieron correr de lado a lado a los antioqueños. El público que llegó a la cancha de la Liga Risaraldense de Tenis apoyaba a los experimentados doblistas. Pero a Diego lo motivó ver a su papá sentado en primera fila.

Cuando se acabó el partido Diego lloró. Su papá también. No pudieron hablar porque el deber llamó a William. Tenía que llegar a Medellín para el nombramiento del nuevo gerente de la empresa.

Una decisión de vida

A Diego le gustan las matemáticas. Es un gusto que comparte con su papá. Por eso, a sus 24 años, ya tiene un título de Física en una universidad de Estados Unidos y en diciembre recibirá el cartón de ingeniero eléctrico de South Carolina University, a la que llegó gracias a una beca deportiva.

Antes estuvo en la Universidad de Missoury en Kanzas City, sin embargo, durante la pandemia por covid-19 se desarmó el equipo masculino de tenis y llegó la oferta para irse a Carolina del Sur.

Diego, que empezó a jugar el deporte de las raquetas cuando tenía 6 años gracias a que acompañaba a sus papás a una clase que tenían en la unidad deportiva de Belén, tiene el proyecto de empezar a estudiar una maestría en enero, cuando ya tenga su cartón.

Quiere seguir en el tenis. Sin embargo, estudiar es su prioridad. No obstante haber derrotado a los mejores doblistas de la historia del país, ganar la medalla de plata en estos Juegos Nacionales, que sumó al bronce que consiguió en la edición de Bolívar 2019, lo puso a pensar en que, para el futuro, podría intentar entrar al circuito profesional, aunque es algo costoso y se necesitan patrocinios.

Un hombre integral

Era la mañana del viernes. Diego, que además de los deportes es fanático a la música, interrumpió la planeación de un proyecto de construcción de energía que estaba haciendo para atender la llamada de este diario. Estaba en el hotel de concentración de Antioquia en los Juegos Nacionales, esperando que llegara la tarde para jugar contra Risaralda los cuartos de final de dobles por equipos (los antioqueños perdieron 2-0).

En su tiempo libre se entretiene haciendo ese tipo de cosas. También le gusta leer libros que analizan la sociedad actual y escuchar música. También la hace. El deportista, que compitió en todos los circuitos nacionales y fue formado por Ignacio Arroyave, toca piano desde que tenía cinco años. Desde los once ejecuta el saxofón. Carga con él para todo lado. Es algo que lo relaja.

Ahora el joven tenista, que llegó al puesto 65 del ranking universitario de dobles en Estados Unidos, sueña con encontrar un equilibrio en la vida que le permita seguir en el deporte, lograr éxito en lo laboral y continuar haciendo orgulloso al hombre que ha sido su ejemplo.

Una dupla que creció a pulso

Sergio y Diego fueron rivales. Se enfrentaron en los torneos que organizaba la Liga Antioqueña de Tenis desde que eran pequeños. Después empezaron a jugar juntos en dobles para la Selección Antioquia y de ahí surgió una amistad. Ahora ambos estudian y juegan en Estados Unidos. Se conocen muy bien. Cuando están en Medellín salen a comer helado, hablan de la vida. Esa cercanía hace que se entiendan en la cancha.

El empleo que busca está a un clic

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Regístrate al newsletter

Acepto el tratamiento y uso del dato Personal por parte del Grupo EL COLOMBIANO*