Hace ya 50 años que la potente voz del cantante de jazz y trompetista Louis Armstrong se apagó cuando dormía en su casa del barrio Corona, en New York.
Pese a que su genialidad le confirió un halo de reverencia dentro del mundo de la música, eso nunca opacó la personalidad bonachona y el afable carácter con el que casi siempre es recordado Armstrong.
Julio Eduardo Ramírez, melómano, coleccionista y fanático del jazz desde hace varias décadas, se refirió así del hombre que revolucionó este género musical: “Él era un músico rayano en la perfección en cuanto basaba sus principios musicales en la simpleza. Además tenía una facilidad impresionante para convertir su voz —pastosa y rasposa, pero muy singular— en otro instrumento más. Pienso que Armstrong...