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Para alentar las conmemoraciones del aniversario gardeliano, los tangueros se van de fiesta a un bar, el Atlenal, que rinde homenaje al Atlético Nacional, y también al tango.
Un traganíquel modelo 1944 vende canciones a 200 pesos en el Bar Atlenal. Cincuenta discos de 78 revoluciones por minuto se ven a través del cristal, dispuestos a atender el llamado de los clientes que teclean los códigos, cada uno de ellos anhelando ser el afortunado de salir enganchado de un brazo mecánico y sonar.
Tango, solo tango se oye en esos discos. Y, bueno, una que otra canción de música antigua, como de Juan Arvizu o de Margarita Cueto, porque, según Aníbal Rojas, tienen qué ver con el tango.
Aníbal es el propietario. Él es un angostureño coleccionista de música antigua, especialmente de tangos, que quiso continuar la tradición de un establecimiento que se destaca por la afición al Club Deportivo Atlético Nacional, al punto que ese sitio bien parece un templo dedicado a adorarlo, y a la práctica del aseo y del orden, los cuales a ratos rayan con lo demencial. Los pisos y las mesas impecables; las botellas de aguardiente y de cerveza y de ron perfectamente dispuestos con los sellos...