Entre los rescatistas que atienden la emergencia del barrio Providencia, de Pereira, hay un niño particular, tiene 13 años, viste sudadera, camiseta y tapabocas. Se presenta: mucho gusto, yo soy Juan Pablo Sánchez Espinel, el topito de Colombia. Es, lo que llamaríamos en buen paisa, un “entrador”, te cuenta su historia rápido y con gran lenguaje y simpatía.
Cuando empezó el terremoto dormía en su casa del barrio San Luis, sobre la vía a Armenia. Al principio no le dio importancia.
—Empieza todo a sacudirse maluco. Yo dije: “Es un temblorcito”. Cuando empieza todo a crujir y dije: “No, esto es un terremoto”.
Salió a la calle junto con su madre. Ninguno de los dos resultó herido, y la casa tampoco sufrió daños graves. Cerca de allí, sin embargo, encontró el primer indicio de lo que venía: el techo de La Fonda, una tienda del barrio, se había derrumbado. Se quedó ayudando a sacar escombros del lugar.
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