Por primera vez frente a frente, sin que hubiera balas cruzando de lado a lado, los enemigos, de toda la vida, se encontraron para hablar del pasado que compartieron en el campo de batalla, cada uno desde su orilla, exparamilitares y exguerrilleros, y también del futuro, el perdón y la verdad.
No se dieron la mano. Se presentaron aunque ya se conocían, algunos se encontraron en combates, los que no, ya habían visto las caras de quien había sido su antagonista.
“Jesús Santrich”, “Iván Márquez” y “Pablo Catatumbo”, excomandantes de las Farc, se sentaron a un lado de la mesa, también estuvieron Diego Martínez y Álvaro Leyva Durán, asesores jurídicos de esa insurgencia; en el centro estuvo el sacerdote jesuita Francisco de Roux, anfitrión del encuentro; del otro lado estuvieron Iván Roberto Duque, conocido como “Ernesto Báez”; Eduar Cobos Téllez, “Diego Vecino”, y Freddy Rendón Herrera, “el Alemán”.
Hablaron de los dolores de la guerra, de cómo las autodefensas armaron cacería contra los familiares de los guerrilleros. “Los exparamilitares pidieron excusas por eso, y reconocieron que las Farc nunca tocaron a sus familiares”, relató el abogado Martínez.
“Pablo Catatumbo”, por ejemplo, habló de su “secuestro”, de cómo fue llevado a una brigada del Ejército y cómo a ese mismo lugar llegó Pablo Escobar, del Cartel de Medellín, en un helicóptero.
Sin embargo, las partes aseguraron que ya no hay odios entre ellos, que el conflicto es cruel, despiadado, pero que lo dejaron atrás, contó el padre De Roux: “Hablaron de sacar al país de la guerra, de las retaliaciones, de las venganzas”.
Ese fue el primer punto de la conversación, tal vez el más largo: la reconciliación. También conversaron sobre las víctimas, con una gran sensibilidad ante el dolor humano, anotó el sacerdote.