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Hace 14 años este defensor de derechos humanos lucha por la población privada de la libertad, un problema que la sociedad mira con desdén.
Como si hubiera descubierto una vocación o la misión para la que llegó a este mundo, hace 14 años Jorge Alberto Carmona se dedicó a defender reclusos, las personas a las que tal vez más se les violan los derechos humanos en Colombia, dice este especialista en salud y en temas de paz y reconciliación.
Es una de las pocas personas que en el Valle de Aburrá luchan día a día por defender la dignidad de la población privada de libertad pues, como él dice, “estar en la cárcel no implica que se pierdan los derechos humanos”. Dice que Dios lo puso en esta tarea y en ella estará mientras le quede vida. En el Valle de Aburrá, 12.000 almas (personas que están tras las rejas) lo ven como su único apóstol.
¿Cómo defender presos si es la gente por la que la sociedad siente menos compasión, y muchos consideran que lo que les pasa se lo merecen?
“Para las administraciones, los entes territoriales, el gobierno nacional y la gente que está ahí en la calle, que no tiene ningún familiar en la cárcel, los privados...