A Jerónimo “se lo peleaban” para cargarlo y de Salomé siempre admiraron su tranquilidad. Así recuerda Sol Beatriz Lopez el legado de sus sobrinos en el Buen Comienzo de Manantiales (Nororiente). “Él estuvo hasta agosto de 2020 y ella hasta 2018. Allá los protegieron y los amaron. Fue su segunda casa”. Como ellos, año tras año, desde 2006, miles de niños y niñas de Medellín han encontrado en los salones del programa un lugar seguro y cálido para crecer.
Buen Comienzo fue creado por el Concejo de Medellín en noviembre de 2004. Dos años después, en noviembre de 2006, comenzó a atender a la población infantil vulnerable de la ciudad entre los cero y los 5 años. Este rango no es una casualidad. Según Unicef, los primeros 1.000 días de un ser humano son cruciales.
“Durante este periodo, el cerebro puede crear hasta 1.000 conexiones neuronales por segundo (un ritmo que nunca se vuelve a alcanzar), conexiones que, a su vez, conforman el pilar fundamental del futuro de los niños”, explicaba en 2017 el entonces director ejecutivo de la organización, Anthony Lake. Ante el reto, Buen Comienzo inició con cinco ludotekas y extendió sus brazos hacia toda la ciudad en modalidades como Entorno familiar, Jardines infantiles, Institucional, Entorno institucional y Transición.
Jerónimo y Salomé se integraron al programa cuando tenían 7 y 15 meses respectivamente. “Hicieron todas las modalidades a medida que crecían. En cada una aprendían cosas y el acompañamiento era distinto”, recuerda Sol. “Nutricionistas, trabajadores sociales y la pedagogía los volvieron muy sociables. Nunca nos sentimos solos”. Cuando ella misma tuvo sus hijos, profesores de Buen Comienzo la llamaban a enseñarle canciones de cuna. “Me las cantaban o me las enviaban por Whatsapp”.
El programa, según Medellín Cómo Vamos (MCV), pasó de atender cerca de 70.000 niños y niñas en 2016, a más de 80.000 en 2019, además de 13.000 madres gestantes. Cuando pensamos en los símbolos de Medellín, dice la alianza interinstitucional, “se nos viene a la cabeza el metro, los metrocables, el tranvía o los Planes Urbanos Integrales. Sin embargo, el programa público que nos debería hacer sentir orgullosos como sociedad es Buen Comienzo”.
Una revolución
“Este es uno de los programas más queridos por la ciudadanía en los barrios. Buen Comienzo es una revolución silenciosa en toda regla”. Así define Luis Fernando Agudelo, director de Medellín Cómo Vamos, la historia del programa. “Ha estado incluso por encima del conflicto, aún en los peores momentos”.
Los profesores de Buen Comienzo conocen el territorio como la palma de su mano. Lo han caminado y se han vuelto caras familiares en las cuadras de los barrios de Medellín. “Es un trabajo que es más que un trabajo. Estar con las familias, acompañar el crecimiento de nuestros niños. Es una vocación”, señala Miriam Mesa, directora de Carla Cristina, una operadora que ha estado 15 años en Buen Comienzo. “El año pasado no fue fácil”.
La comunicación con los padres se ve a todos los niveles. Desde un saludo hasta la realización de encuestas para conocer una opinión respecto a la alternancia.
“Diseñamos toda una ruta de atención para los niños y niñas durante la pandemia”, señala Mesa. Carla Cristina no fue el único operador que se preocupó por ellos. Sol recuerda que el último año de Jerónimo en Buen Comienzo fue a través de las pantallas, pero no menos feliz. “Se alegraba con cada reunión. Saltaba de felicidad y atendía a las actividades que desarrollaban con él. Por supuesto que extrañó ir, pero ellos lo hicieron todo más fácil y llevadero desde la casa”.
“Gran parte del logro de Buen Comienzo es disminuir la probabilidad de que las vulnerabilidades sociales surjan de la desatención o malnutrición de los primeros años”, dice Agudelo. “Cosas tan importantes para esta ciudad como tener cero muertes de menores de 5 años por desnutrición son gracias a este”.
Quedan retos, por supuesto. “Hay que institucionalizarlo. Buen Comienzo debe avanzar hacia la existencia de una entidad descentralizada que pueda tener una lógica de gobierno que garantice que estas cosas que hicieron que fuera muy potente, se mantengan”, finaliza el director de Medellín Cómo Vamos. Tras 15 años de caminar Medellín, el programa no solo recoge el cariño de las familias que beneficia. Con el tiempo han llegado reconocimientos nacionales e internacionales a su labor.
Un voto de confianza
El programa ha recibido varios galardones a través de su historia. En 2010 fue reconocido por el Ministerio de Educación Nacional como uno de los mejores en el país en la atención de niños y niñas. Ese mismo año la ONU le otorgó el premio “Honor Hábitat” a la Alcaldía de Medellín por el trabajo que hace a través de Buen Comienzo por la población vulnerable.
Tres años después fue reconocido con EL COLOMBIANO ejemplar por ser modelo de atención integral en primera infancia; y en 2014 recibió de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Fundación Panamericana de la Salud y Educación (PAHEF), el premio como mejor experiencia urbana en Atención Integral en Salud a la Primera Infancia, con la modalidad Gestación y Primer Año.
Sus jardines también han resaltado nacional e internacionalmente. En 2012 el Jardín Infantil Buen Comienzo La Aurora recibió el premio Lápiz de Acero, el reconocimiento más importante al diseño colombiano. Y en 2018 el jardín de El Pinal fue premiado por el Banco Iberoamericano de Desarrollo por su innovación en diseño, construcción y uso.
“Sus instalaciones siempre estuvieron cuidadas. Y más que todo, cálidas y con los brazos abiertos”, va finalizando Sol. Sus dos sobrinos ya piensan emocionados en sus próximos pasos: llegar a la escuela; las tareas, cada vez de mayor intensidad; los nuevos amigos y todo lo que falta por aprender. “Yo creo que nunca van a olvidar Buen Comienzo. Hoy son los niños que son por haber pasado por ahí. Aún siguen repitiendo con inmenso cariño los nombres de los maestros y maestras que tuvieron. Dejaron una marca en ellos” . n