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Tendencias | PUBLICADO EL 26 agosto 2022

Mejor si no toma licor, si no, descanse un poco

Aunque lo ideal es evitar las bebidas embriagantes, en caso de no hacerlo, algunos expertos recomiendan dejar “descansar” el cuerpo. Le explicamos.

  • El licor motiva la liberación de dopamina, el neurotransmisor del placer. De ahí que sea potencialmente adictivo. FOTO SSTOCK.

    El licor motiva la liberación de dopamina, el neurotransmisor del placer. De ahí que sea potencialmente adictivo.

    FOTO SSTOCK.

  • El licor motiva la liberación de dopamina, el neurotransmisor del placer. De ahí que sea potencialmente adictivo. FOTO SSTOCK.

    El licor motiva la liberación de dopamina, el neurotransmisor del placer. De ahí que sea potencialmente adictivo.

    FOTO SSTOCK.

LAURA FRANCO SALAZAR

Para mantenerse realmente saludable, lo ideal es que su consumo de licor sea cero. Sin embargo, en vista de que esta recomendación es poco consecuente con la realidad actual —en Colombia, por ejemplo, el alcohol es la sustancia psicoactiva lícita más consumida, según el Ministerio de Justicia—, hepatólogos reunidos en junio en Londres, en el Congreso Internacional del Hígado, enunciaron una serie de sugerencias dirigidas a quienes les cuesta dejar las bebidas embriagantes.

Todas ellas —cervezas, vinos, whiskies, etc— contienen etanol (un compuesto químico orgánico), que es su principal componente psicoactivo. Este es el que desencadena los efectos depresores en el sistema nervioso central, es el que “apaga” algunas funciones del cerebro. “Conforme se sube la dosis se pierde el control de la ira y de ciertos comportamientos como las conductas sexuales inadecuadas. Posteriormente puede haber somnolencia, pérdida del equilibrio, e incluso, con dosis muy altas, afectarse funciones como la respiración”, puntualiza Héctor Julián Pérez Madrid, toxicólogo y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

En cuanto a efectos a largo plazo (enfermedades), el alcohol es uno de los factores de riesgo modificables que desde la medicina se recomienda evitar. Según la Organización Mundial de la Salud, su consumo está vinculado al desarrollo de trastornos mentales, cirrosis hepática, patologías cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y traumatismos derivados de situaciones violentas o accidentes de tránsito.

¿Descansar tres días?

El Congreso Internacional del Hígado dejó como resultado una advertencia en torno a la moderación del consumo de alcohol. Aleksander Krag, vicesecretario general de la Asociación Europea de Estudio del Hígado (EASL, por sus siglas en inglés), en un artículo para el País de España, expresa que no se trata de decirle a la gente “que no puede beber nada”. Según él, es posible tener buenas prácticas, entre ellas, pasar al menos tres días consecutivos sin beber cada semana. No obstante, este tipo de afirmaciones suelen causar controversia en la medida en que el consumo de alcohol incrementa el riesgo de padecer cáncer y, además de ser tóxico, es adictivo.

Para el médico Restrepo, el consejo de “descansar” unos cuantos días a la semana es relativo pues, explica, el riesgo de desarrollar cirrosis es acumulativo: entre más licor consuma durante su vida, mayor el riesgo de padecerla. “Puede que en un mes me haya tomado solo dos copitas de aguardiente, pero que de repente un fin de semana me tome quince. Eso se acumula. No se trata de qué tanto ‘descanse’ del licor, sino más bien qué tanta cantidad ha estado tomando”.

Restrepo hace los cálculos basándose en la cantidad de alcohol que el cuerpo puede metabolizar sin hacerse daño (en las mujeres son de 20 a 40 gramos diarios de alcohol y en los hombres de 60 a 80 gramos diarios). “Sin embargo, si consume esos gramos diarios durante diez años seguidos, sí o sí, va a sufrir de cirrosis”.

Todo esto debe cuantificarse teniendo en cuenta el tipo de bebida, pues hay unas que tienen mayor porcentaje de alcohol (aguardiente, tequila, vodka, ron, etc) y por ende implican una dificultad adicional en el control de las dosis.

“Así mismo ocurre con los cocteles que, por los aditivos y saborizantes, hacen difícil identificar las cantidades que se están ingiriendo”, precisa Pérez, quien a su vez matiza que la recomendación de los tres días puede ser coherente si se tiene en cuenta que el alcohol, incluso en dosis pequeñas, ocasiona una disminución de la vitamina B1 y de una sustancia llamada glutatión: “Si se le da un tiempo de descanso (de al menos tres días) el hígado puede recuperarse del daño y llenar de nuevo las reservas de vitamina B1 y glutatión”.

Además, en vista de que consumir alcohol a diario genera cierta tolerancia y el cerebro se va volviendo dependiente, darle un descanso de al menos tres días disminuye el riesgo de vinculación.

El eliminador de desechos

El hígado es uno de los órganos que suele verse más afectado por el alcohol (es en él donde ocurre la cirrosis hepática, por ejemplo). Su funcionamiento correcto es indispensable porque es el encargado de eliminar las toxinas (desechos) que en ocasiones circulan en la sangre y de procesar algunas vitaminas, minerales y otros nutrientes para que el resto del organismo pueda aprovecharlos.

¿Y qué tiene qué ver esto con el licor? Sencillo: como las bebidas embriagantes son tóxicas, el hígado se empeña en metabolizarlas y eliminarlas. “En ese proceso, se generan unos metabolitos intermedios que, si superan cierta cantidad, generan afectaciones en el órgano, dañando la estructura de las células”, explica el médico Carlos Aníbal Restrepo, PhD en Ciencias de la Salud y docente del CES.

Con el consumo frecuente de alcohol, el órgano como tal y sus procesos se lastiman y alteran, llevando a que pueda darse en él una fibrosis (cicatrización dañina).

La cirrosis es ya una fase tardía de esa cicatrización que, cuando avanza, es potencialmente mortal. “El riesgo de generar cirrosis por consumo de alcohol (igual puede ocurrirle si le da hepatitis) es más alto en las mujeres”, añade Restrepo, “pues su capacidad para metabolizar esta sustancia es naturalmente más baja”.

Cómo saber si se pasa

El licor, como el tabaco, motiva la liberación de dopamina en el cerebro, el neurotransmisor del placer. Toda sustancia que toque a esa hormona es potencialmente adictiva.

Identificar si está teniendo un consumo abusivo es posible si desarrolla tolerancia, si cada vez tiene que aumentar la cantidad en el consumo y la frecuencia para sentir los mismos efectos, así mismo, si piensa frecuentemente en ella, cómo conseguirla o si al dejar de consumirla presenta síndrome de abstinencia (fatiga, enojo, ansiedad, sudoración).

Finalmente, si sus amigos o familiares le han mencionado que podría estar abusando, escúchelos y busque ayuda profesional, sobre todo si además ha habido deterioro social a su alrededor, problemas en el trabajo o la academia. El diagnóstico oportuno de un posible problema es crucial para detener un posible trastorno.

Laura Franco Salazar

Periodista convencida de la función social de su profesión, de la importancia del apoyo mutuo, la educación y el arte.

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