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Tecnología | PUBLICADO EL 06 mayo 2021

Manual para no volverse incendiario

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Por: Juan alcaraz y miguel bernal

Lo virtual puede tener consecuencias en lo real. Expertos hablan de los riesgos de compartir información falsa.

Las redes sociales se han convertido en un altavoz de la ciudadanía. Según el estudio Digital Global Overview Report 2021, colombianos entre 16 y 64 años las usan en promedio 3 horas y 45 minutos al día. En estos espacios comparten noticias, videos, fotos, gifs y memes. También mentiras y verdades.

Por ejemplo, el 30 de abril circuló en redes sociales un video en el que se ven usuarios del Metro de Medellín evacuando la estación Parque Berrío por un supuesto incendio. Ante esto, la empresa aclaró que el incidente fue producto del gas lacrimógeno durante las manifestaciones y que no generó problemas para los usuarios. Así como este, en Whatsapp, por estos días, han circulado algunos videos violentos, de fechas anteriores o de otras ciudades, que le suman angustia a la crisis actual.

¿Cómo llega esta información fuera de contexto a usted? se debe a que la estructura de estas plataformas digitales se basa en algoritmos (normas de programación) que determinan qué tan relevantes son los contenidos para las personas, y quienes comparten información a través de ellas impactan las emociones para lograr esa viralización.

El miedo y la rabia, por ejemplo, son emociones que se viralizan muy fácil, porque vienen asociadas a conductas primitivas, lo explica el estudio Noticias falsas en Internet: la estrategia para combatir, publicado por la Universidad Palermo, Argentina.

“En Colombia por un lado está el tema del miedo, muy asociado a nuestra supervivencia humana, y por el otro la indignación”, confirma María José Castaño, experta en comunicación digital y reputación.

En parte ese juego con la emocionalidad le suma al fenómeno de compartir información sin dudar de ella, que se le conoce como sesgo de confirmación y se da, como explica Wilson López, psicólogo social e investigador científico, porque “es más cómodo, más eficiente, que trastocar la propia forma de ver el mundo”.

Lo que ocurre luego, al compartir un video, por ejemplo, sin tener claro el contexto, es que se desinforma y se crea una percepción errada sobre una situación o una persona. “En estos casos se generan las llamadas ‘burbujas’: percepciones de que hay una realidad, que necesariamente no es cierta. Eso tiene un impacto en la vida real porque la información que uno consume determina la toma de decisiones”, asegura la experta en comunicación e influencer.

El problema no es solo individual, con el alcance de las redes sociales rápidamente se masifica la información (en Colombia hay 35 millones de usuarios activos, dice el Digital Global Overview Report 2021), es por esto que una noticia falsa puede contribuir a la pérdida de confianza en las instituciones. En general, como lo explica Jonny Orejuela, Jefe del departamento de psicología de la Universidad Eafit, la persona que piensa que un contenido de redes le revela que ha sido engañada, puede sentir desconcierto, y rechazo, porque eso en lo que creía no cuadra con su realidad y es un impacto grande.

De allí salen casos históricos, como lo explica David Santos, profesor de política internacional: “Lo que vimos con el Brexit, ya que se dio información sesgada para que la gente saliera a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, y más recientemente durante la presidencia de Donald Trump”. El candidato hizo acusaciones de fraude, rápidamente difundidas por redes, que no pudieron corroborarse.

El poder de las palabras

Cuando más atento debe estar el ciudadano de su rol al compartir información es en momentos críticos como este que estamos viviendo y abunda la desinformación. Por eso, Renata Cabrales, experta en redes sociales de la Universidad Externado, recomienda verificar al extremo para que al compartir información nadie se convierta en un generador de temor y desasosiego, cosa que ocurre si una publicación está plagada de mentiras y tiene un sesgo.

“Hay videos que muestran hechos y acontecimientos que saltan a la vista, pero es mejor es esperar a que un medio de comunicación confirme los datos, pues estos están preparados para hacer el paso a paso de la verificación”, recomienda e invita a reflexionar sobre el contenido, distribuido de manera parcial o total, sea foto, video o audio, que puede haber sido manipulado intencionalmente.

“La desinformación viene desde hace muchísimo tiempo, pero ahora por el nacimiento y el auge de las redes sociales se ha incrementado. Es difícil contrarrestar una información falsa, es como una bala, después de dispararse se tiene una consecuencia, le pega a alguien, cayó en una ventana, se hace un daño”, añade.

Una forma de mitigar esta problemática es “que los ciudadanos busquen intérpretes, porque son ellos los que se apoyan en la pluralidad, la diversidad de voces, la proporción, para intentar comprender realidades complejas”, así lo dice el profesor universitario y magister en periodismo digital, Walter Arias Hidalgo.

También aclara que hay que “salir del espacio de confort”, evitar las recomendaciones del algoritmo, que tienden a seguir los gustos personales y buscar “otras miradas, otras visiones, así me incomoden o vayan en contravía de mis ideas”, generando de esta manera un contraste que le permita validar la información falsa o parcializada.

No olvidemos que estos medios de interacción se prestan para manifestarse, muchas veces sin pensarlo dos veces antes de entender la repercusión de cada acto. Para Diego Santos, consultor digital, “es un campo donde el debate lo puede dar todo el mundo con apenas 280 caracteres sin necesidad de ir más allá y profundizar. Esa anarquía de las redes sociales poco a poco se va apoderando de las calles, ese miedo. Y la violencia, en gran parte, se coordina y nace desde estos espacios virtuales”.

Para terminar con esta problemática de la desinformación en medios virtuales, según él, se requerirá de muchos años. Todo depende de encontrar una herramienta que pueda “ayudarnos a censurar las noticias falsas en comunidad”.

Por ahora, que los ciudadanos den como ciertas noticias falsas y las compartan ponen en riesgo las democracias y las libertades, por este motivo es vital aprender a reconocer la información verdadera, contrastarla y no propagar las mentiras

Emociones, intereses y hasta su zona de confort son los espacios que le permiten movilidad a las noticias falsas que, al masificarse, pueden generar desinformación y caos en la vida real.

Contexto de la Noticia

ANÁLISIS Las noticias falsas van en detrimento del conocimiento

Carlos G. Patarroyo G. Decano Escuela de Ciencias Humanas U. del Rosario

Las fake news violan dos principios esenciales que debe respetar toda noticia: el derecho del público a estar bien informado, y el deber y compromiso con la verdad. El fin de informar al público es que esté en capacidad de formar opiniones, tomar decisiones y emprender acciones bien fundamentadas. Al privar a la audiencia de estas posibilidades, la noticia falsa va en detrimento del conocimiento, de la opinión sólida y de la capacidad de actuar de quien recibe la noticia. En vez de considerarlo un agente, una persona digna, lo instrumentaliza, lo ve como una herramienta más. En definitiva, lo manipula. Las noticias falsas son esencialmente manipulaciones para que el grueso de las personas tenga una cierta reacción cegada por el miedo, la angustia, el fatalismo o alguna otra emoción que nubla el juicio y hace difícil el uso del pensamiento crítico. Se han convertido en las mejores aliadas de lo que el sociólogo Stanley Cohen llamó “Los pánicos morales”, estos son acciones sobredimensionadas y exageradas de un cierto grupo de personas que reaccionan a una manipulación emocional y su reacción se fundamenta en un cierto miedo que tienen de ver en peligro un valor preciado (su libertad o su salud, por ejemplo). Usualmente hay un halo de “urgencia” que rodea a la noticia falsa, es decir, una cierta premura a responder y actuar ante ella de inmediato, lo cual hace aún más difícil buscar otras fuentes, corroborar o no su veracidad y pensar mejor las acciones u opiniones que en ella se fundamentan. Y todo esto se ve exacerbado por la omnipresencia de las redes sociales que no sólo pueden darles a las noticias falsas plataformas cada vez más grandes y abarcadoras, sino que además abrazan ese sentido de rapidez, de urgencia y de inmediatez que favorecen la acción y el juicio no sopesados. Se hace urgente una educación que enseñe al uso responsable de la información, tanto a quien la emite como a quien la recibe y, sobre todo, el entrenamiento de la calma para tomarse el tiempo de revisar las fuentes, de pensar en las consecuencias, posibles intereses o posibles versiones diferentes de la información recibida.

ANÁLISIS De ‘La guerra de los mundos’ a la Colombia de hoy

Carolina Botero Fundación Karisma. Directora

Lo primero es que es muy difícil hablar de noticias falsas como un concepto, porque no es así, es como abrir un costal de papas y echar de todo.

Las Fake News existen desde hace mucho tiempo y se meten cosas que son muy distintas: desinformación, información sacada de contexto y noticia falsa. Entonces es muy importante asegurarse de qué estamos hablando, porque no es adecuado generalizar.

También hay que tener claro que no siempre es la gente la que las difunde, también hay algunos medios que han caído en eso. Recordemos en el ejercicio de Orson Welles, La Guerra de los Mundos, la gente entró en pánico pensando que era real y era una noticia falsa, ese es un ejercicio teatral que muestra cosas. Actualidad Panamericana todo el tiempo muestra noticias falsas, pero es parodia, es una forma de ver la realidad también, porque hay algo real detrás de lo que dicen. El problema es que tenemos que educarnos para entender la información y poderla analizar críticamente y actuar en consecuencia. No creo que sea solo tarea de las personas, es de instituciones, medios, de todo el mundo y, por eso, es incorrecto hablar así de noticias falsas y menos en un contexto como este: para lo que uno es noticia falsa, para el otro no lo sería, entonces ¿cuál es la capacidad de una sociedad para analizar su realidad y actuar en consecuencia con ella?

Fenómenos de desinformación han existido siempre, hay una acción detrás de crear la información, la publicidad y la propaganda. Lo que se hizo nuevo es la forma como se distribuye. Ya cuando la humanidad ha tenido tiempo de procesar estos medios de comunicación, llega esto que nos revienta. No hay manera que consumamos información como hace 10 años y no tenemos herramientas para entender esto.

De todas maneras, no hay que olvidar que las redes sociales son diferentes al medio de comunicación, porque en este hay una curaduría, hay una editoría, y se contrasta. En definitiva, creo que hay un rol tanto en personas como en medios de mostrar y comprobar noticias que no se están mostrando en otro lado.

¿Cómo le llegó la información?

Tener claro el origen del video, audio o noticia es el primer paso para descartar si el contenido que le llegó a través de redes sociales o plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp o Telegram se trata de desinformación o mentira. Que fuentes confiables hayan publicado el mismo contenido es una manera de verificar.

¿Cómo está escrita?

Es importante revisar la forma en que está escrita la noticia. La mayoría de los contenidos falsos tienen errores de ortografía o redacción y usan mal las expresiones. Además, los textos no tienen estructura ni cuentan con datos relevantes como estudios o investigaciones. Si se encuentra con un contenido de este tipo, lo aconsejable es ignorarlo.

¿De dónde viene esa información?

Investigue la fuente (empresa, institución, documento o medio) que lo valida y asegúrese de que el contenido fue creado por esa fuente o está en un medio confiable. ¿Quién lo publicó? Es una pregunta que debe hacerse. Consulte el nombre del sitio web de la publicación, revise la URL de la página o investigue el nombre del autor.

¿Qué medios son confiables?

Ante la duda del origen, veracidad o fuente de procedencia del contenido, mejor absténgase de publicar ese tipo de información. Consulte en páginas web o redes sociales de fuentes oficiales (alcaldías, gobernaciones, ministerios), medios de comunicación de trayectoria o aquellos que están especializados en verificación de datos.

¿cuántos medios hablan de ese tema?

Cuando le llegue una información o contenido y tiene duda de su veracidad, haga un rastreo por diferentes medios de comunicación o “chequeadores”, ellos hacen el trabajo de investigar, contrastar, tienen criterio y conocimiento. De esta manera verifica que puede ser confiable y así evita alimentar la zozobra y el caos virtual.

¿Suena posible esa información?

Como dice el profesor Hidalgo, sospeche del “tono de rumor, de conspiración, de los datos sin respaldo”. Una señal de alerta es cuestionar la verdad, qué tan posible es esta información que me estoy encontrando, ¿de verdad se está hablando tanto de este tema como se debería?, ¿no suena más a una fantasía?

¿Alguna plataforma de chequeo lo confirma?

Hay medios especializados que se encargan constantemente en verificar la información como Colombiacheck, en los que se hacen análisis de fuentes y medios para desmentir la información. Así mismo, el sistema Vera, que es una iniciativa radiofónica en la que se unieron varios medios, para verificar la información falsa.

¿Puede activar medidas de control?

Con los escándalos de divulgación de Fake News, redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter desarrollaron la opción de denunciar si un contenido no es verdad. Cuando esto ocurre la inteligencia artificial hace el primer análisis y, dado el caso, un analista humano también puede hacerlo. Si se demuestra que es falso es eliminado.

¿día, hora lugar y contexto son precisos?

Las fuentes son expertos, documentos e instituciones que respaldan los datos que se dan con las noticias. Utilice herramientas como Google para comprobar que correspondan a instituciones reales, que no hayan sido sacadas de contexto, que tengan fecha actual y que no sean referencias antiguas que ya no tienen vigencia.

¿existe un moderador en sus grupos de whatsapp?

Expertos recomiendan que en los grupos de chats existan moderadores conscientes de lo importante de no compartir información fuera de o sin contexto o sin estar verificada para que hagan una curaduría de lo que se comparte en ellos. Lo mismo aplica en otros contextos, asegúrese

de contrastar y verificar la información siempre.

Juan Alcaraz

Periodista. Hago preguntas para entender la realidad. Curioso, muy curioso. Creo en el poder de las historias para intentar comprender la vida.

Miguel Bernal Carvajal

Periodista y magíster en Escrituras Creativas. Buzo de corazón, amante de los viajes, el arte y las buenas historias. También escribo cuentos.

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