Pico y Placa Medellín
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Las precipitaciones intensas y extensas que produjeron tragedias en Mocoa, Manizales y Chocó, obligan a que todos los niveles de gobierno den prioridad a la prevención y al orden territorial.
Las imágenes de los cerros alrededor de Mocoa y Manizales deslavados a causa de lluvias intensas y extensas, con pedazos gigantes de montaña que se desprenden y se convierten en una colada de lodo y piedras que baja por las laderas y destruye barrios, vidas e historias comunitarias y familiares, llamaron la atención sobre el reto mayúsculo que viene en materia de prevención y planeamiento urbano para cientos de municipios del país.
A la fotografía de esas tragedias, que suman más de 350 muertos y por lo menos 300 desaparecidos, pueden agregarse las imágenes de los caudales desbordados de los arroyos en Barranquilla y de los ríos de varios municipios ribereños de Chocó: que arrastran vehículos dominados por la corriente, cúmulos serpenteantes de basura y troncos, enseres y ranchos empotrados en las orillas y transeúntes desprevenidos.
Pueden recobrarse también en la memoria la romería de damnificados por la avalancha de Salgar, en mayo de 2015, o los repetidos derrumbes en la vía a Quibdó,...