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Petro, perdón, pero el mérito es de Medellín

Llamó la atención una frase de Petro: “Las políticas de paz del gobierno nacional han logrado reducir casi a un dígito la tasa de homicidios de Medellín”. Es evidente que ante la falta de resultados intenta adjudicarse logros que no son suyos.

16 de enero de 2025
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  • Petro, perdón, pero el mérito es de Medellín

Corría el año 1988 cuando el entonces alcalde de Nueva York, Ed Koch, desató una enorme controversia en Colombia al sugerir que para solucionar los problemas de violencia y narcotráfico lo mejor era que bombardearan a Medellín o incluso mencionó invadirla con tanques de guerra.

No era la mejor época para la marca de Medellín, una ciudad que ya comenzaba a ser tristemente célebre en el resto del mundo como el epicentro de las operaciones de Pablo Escobar, los hermanos Ochoa y otros narcotraficantes que marcaron una era de caos y muerte para la región y el país: la tasa de homicidios de Medellín ya superaba los 200 por cada 100.000 habitantes en aquel entonces, una cifra que duplica las tasas de homicidios de las ciudades más violentas del mundo hoy que son Colima y Ciudad Obregón, en México, o en Puerto Príncipe, Haití.

No podemos olvidar que en ese entonces no pocos la llamaban Metrallín, la palabra “medellín” se usaba como un genérico en el mundo para hablar de violencia y parar en un semáforo en la ciudad para muchos de sus habitantes provocaba miedo.

Y, aun así, en 1988, cuando el alcalde de Nueva York hizo su despreciable y absurda sugerencia, lo peor para Medellín todavía estaba por venir: en 1991, la tasa de homicidios alcanzó los 416 por cada 100.000 habitantes, es decir el doble de lo que tenía dos años antes, lo que la convirtió en el lugar más peligroso del mundo y, probablemente, en una de las ciudades más violentas de la historia moderna que no esté en guerra civil o conflicto armado declarado entre estados.

Cuando César Gaviria fue elegido presidente en 1990, uno de sus primeros actos fue crear la Consejería Presidencial para Medellín, y puso al frente de ella a María Emma Mejía, una paisa que con el mismo espíritu emprendedor de su abuelo Gonzalo Mejía supo juntar a la academia, a las ONG, al sector privado y a las comunidades de barrio para entre todos echarse al hombro la reconstrucción de la ciudad desde sus cimientos más profundos.

Meterle el diente desde el Estado a Medellín hace 30 años no era una tarea sencilla. La década de los noventa fue extremadamente difícil. Pero así como los antioqueños habían logrado la hazaña de domesticar las montañas a principios de siglo 20, al final del mismo lograron también una epopeya urbana: comenzó una transformación social, urbana y filosófica que cambió a la ciudad y definió el futuro que hoy estamos viviendo. Iniciativas de innovación física como el Metrocable, el Parque Biblioteca España, el Parque Explora y muchos otros parques, colegios y bibliotecas, junto con programas sociales como Buen Comienzo y muchos otros, fueron producto de políticas locales que se basaron, no sólo en el trabajo de los distintos actores de la ciudad, sino y sobre todo en “construir sobre lo construido”.

Medellín, como el Ave Fénix, dejó atrás las cenizas de la muerte y puso a funcionar el motor de una ciudad en la que todos cabían, todos ponían y había para todos. La caída de los asesinatos ha sido sostenida con el paso de los años, de ese pico de 400 homicidios por 100.000 habitantes en 1991 bajó a una tasa de menos de 40 en 2007. Aunque la extradición de Don Berna en 2008 y la guerra entre alias Valenciano y alias Sebastián provocaron un repunte temporal en los homicidios, desde 2010 la tasa continuó con su tendencia a la baja, logrando en 2024 todo un hito: la menor tasa de asesinatos por cada 100.000 habitantes desde 1942.

Por supuesto que tan solo un homicidio sigue siendo demasiado, y las dinámicas de criminalidad que continúan agobiando a la ciudad —pasando de treguas a conflictos abiertos sin que la institucionalidad logre intervenir de manera efectiva— inciden claramente en las cifras de asesinatos: según explicó el alcalde Federico Gutiérrez en entrevista con EL COLOMBIANO cerca del 50% de los homicidios tienen relación con las estructuras criminales. Sin embargo, el hecho de haber pasado de más de 6.800 homicidios en 1991 a 319 homicidios en 2024, es un tremendo triunfo de la sociedad de Medellín, la misma que durante 30 años ha hecho esfuerzos y no ha dejado de apostarle al desarrollo y el bienestar de la ciudad.

En estos 30 años se redujo en más de 21 veces el número de asesinatos, incluso en 2024 se trató de 59 homicidios menos que el año 2023, una caída de un año al otro del 15%.

Este esfuerzo colectivo ha permitido que Medellín haya pasado de ser la capital mundial de la violencia a una ciudad que, aunque sigue enfrentando infinidad de problemas, también tiene una nueva cara: una capital del entretenimiento, un imán para el emprendimiento y el talento, y la sede de empresas que representan con fuerza a Colombia en toda América Latina. Hoy, Medellín enfrenta desafíos asociados a su atractivo como lugar para vivir, no como un sitio del que la gente huye o que alcaldes extranjeros sugieren bombardear.

Ha sido un trabajo de equipo, el mismo que todos reconocen. Por eso llamó la atención una frase del presidente Gustavo Petro según la cual “Las políticas de paz del gobierno nacional han logrado reducir casi a un dígito la tasa de homicidios de Medellín”.

Un comentario típico de su estilo: un sofisma mezquino y egocéntrico, ante la falta de resultados de su Gobierno intenta adjudicarse logros que no son suyos. Lo que pasa es que nunca, como en este caso, había tenido la osadía de hurtar el resultado de décadas de trabajo colectivo de toda una ciudad.

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