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El problema de fondo no está en manos de quién quedan las riendas del Gobierno. La realidad nos ha demostrado que la presencia del capitán titular al frente no necesariamente es garantía para conjurar la crisis.
Cuando pensábamos que el país estaba ante una de las peores crisis de Gobierno de su historia, producto de la renuncia irrevocable, en cascada, de cuatro de los ministros más destacados del presidente Gustavo Petro, nos dimos cuenta de que –como reza aquella máxima tan popular– todo es susceptible de empeorar.
Y empeora porque Petro decidió dejar al país con la crisis en sus manos e irse para Dubai, como cuando declaró la conmoción interior en el Catatumbo y decidió irse para Haití. ¿Se acuerdan de ese episodio? Esa zona de frontera, hace menos de 20 días, se convirtió en teatro del miedo cuando el Eln decidió atacar a firmantes del acuerdo de paz y a disidentes de las Farc, mató a cerca de 50 personas y provocó el desplazamiento de cerca de 40.000 personas.
Ahora se repite la historia: esta vez no se trata de una grave crisis humanitaria sino de una crisis política de alto calado y el Presidente, como si la cosa no fuera con él, decidió dejar la casa ardiendo y se fue para Emiratos Árabes.
Todo comenzó hace apenas ocho días luego del insólito Consejo de Ministros televisado en el que se armó tremenda rebelión por la presencia de Armando Benedetti como jefe de despacho. Esa misma noche renunció el director del Dapre, Jorge Rojas; al día siguiente renunció el ministro de Cultura, Juan David Correa; el sábado anunció su retiro la ministra de Ambiente, Susana Muhamad; el domingo, la de Trabajo, Gloria Inés Ramírez; y ayer se confirmó la salida del ministro de Interior, Juan Fernando Cristo, y del jefe de la Policía Nacional, el general William Salamanca.
Mientras el Jefe de Estado visita a Dubai ¿En manos de quién queda la Casa de Nariño? ¿En manos de Armando Benedetti, a quien más de la mitad del gabinete no soporta? ¿o en manos de Guillermo Alfonso Jaramillo, el mismo que tiene la salud del país patas arriba? ¿Será que Jaramillo se ganó la palomita por ser el único que le celebró de manera decidida los chistes al mandatario en el hilarante y absurdo Consejo de Ministros?
Aunque el problema de fondo no está en manos de quién quedan las riendas del Gobierno. En últimas, la realidad nos ha demostrado que la presencia del capitán titular al frente del timón no necesariamente es garantía para conjurar la crisis.
Puede que el Presidente al irse quiera mandar un mensaje de que lo ocurrido no reviste ninguna gravedad. Y puede que sea así para alguien, como él, más acostumbrado al caos que la mayoría de los colombianos.
Pero hay que decir que lo ocurrido, de todas maneras, no es normal y muestra el grado de descuaderne del país. No se trata de un alboroto menor en las entrañas de su gobierno: se trata de una insurrección por nombrar como jefe de despacho de Presidencia a un personaje polémico y cuestionado como Armando Benedetti. ¿Cómo así que Petro le da ese cargo de privilegio, que debería ser para alguien sin tacha porque en últimas nos representa a todos los colombianos, a un hombre llamado a juicio por corrupción en la Corte Suprema y con denuncias por violencia intrafamiliar?
Le renunciaron de manera irrevocable cuatro figuras clave, una quinta parte de su gabinete: Gloria Flórez, que lo había acompañado desde el principio del gobierno y era a quien solía dejar encargada de la presidencia. Susana Muhamad, que también estaba desde el principio del gobierno y era vista como una sucesora de sus ideas (se alcanzó a hablar de que era la Sheinbaum de Petro). Juan David Correa, que tenía entre otras virtudes, la de interpretar desde la cultura la propuesta radical de Petro sin acudir a los agravios, y Juan Fernando Cristo, que era el único puente con otros sectores políticos de un gobierno que cada vez se encierra más en sí mismo.
Más allá del impacto real de que Petro haya dejado todo por aquí medio botado, es más el impacto simbólico por la despreocupación que demuestra el Jefe de Estado sobre la integridad de su gobierno y la estabilidad de sus coequiperos. Uno de sus más fuertes opositores, su ex ministro Alejandro Gaviria, escribía ayer: “Petro parece haber clausurado, al menos temporalmente, el gobierno”.
Cuando Petro se fue para Haití, hace menos de un mes hizo toda una puesta en escena, con cierta dosis de histrionismo, para decir: “Les disgusta que vaya a donde los más pobres. Pues vengo a donde los más pobres: a Haití, para construir humanidad. No quise ir a Davos, donde los más ricos, allí destruyen la humanidad”. Algunos lo interpretaron como una sacada de clavo del Presidente porque no lo habían invitado como speaker a Davos.
Pero el recuerdo viene a cuento porque la coherencia del discurso le duró poco al Presidente: ahora se fue, no para donde los pobres, sino donde los más ricos de los ricos y donde lo que él en teoría tanto desprecia, el petróleo, es el rey. En esa región están alojadas la mitad de las reservas de petróleo del mundo: Arabia Saudita es el segundo productor, Emiratos Árabes el noveno, y Catar el quince.
Mientras tanto en el Catatumbo aumentan los muertos a 56 y los desplazados a más de 50.000.