Pico y Placa Medellín
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Hubo eficacia de la Superintendencia de Industria y Comercio, sin la cual los carteles seguirían a sus anchas despreciando al consumidor. La ética empresarial, más que predicarse, debe cumplirse.
Los colombianos ya sabemos que un producto de uso diario y de primera necesidad, como el papel higiénico, fue comercializado en gran porcentaje, durante más de una década, a través de mecanismos ilegales de acuerdos para la fijación artificial de precios, que implicaban que estos no los fijaba la oferta y la demanda propia del libre mercado, sino pactos colusivos que los partícipes creían secretos para distorsionar las normas de la libre competencia.
Empresas que habían construido reputación de calidad y alcanzado grandes desarrollos en mercadeo y comercialización de múltiples productos para el aseo personal y del hogar, tramaban al mismo tiempo operaciones para perjudicar a los consumidores. Ahora ven destruida su reputación, derrumbada su credibilidad, e intentan en lo posible estrategias de control de daños para recuperar la confianza de los colombianos.
Algo que no se puede desestimar es que si se supo de la existencia de este cartel, como se ha sabido también del de los pañales o los...