Hubo eficacia de la Superintendencia de Industria y Comercio, sin la cual los carteles seguirían a sus anchas despreciando al consumidor. La ética empresarial, más que predicarse, debe cumplirse.
15 de abril de 2016
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Los colombianos ya sabemos que un producto de uso diario y de primera necesidad, como el papel higiénico, fue comercializado en gran porcentaje, durante más de una década, a través de mecanismos ilegales de acuerdos para la fijación artificial de precios, que implicaban que estos no los fijaba la oferta y la demanda propia del libre mercado, sino pactos colusivos que los partícipes creían secretos para distorsionar las normas de la libre competencia.
Empresas que habían construido reputación de calidad y alcanzado grandes desarrollos en mercadeo y comercialización de múltiples productos para el aseo personal y del hogar, tramaban al mismo tiempo operaciones para perjudicar a los consumidores. Ahora ven destruida su reputación, derrumbada su credibilidad,...