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Las Farc deben entender que en un país aún receloso y dolido de su violencia dañina, la dejación requiere un registro público que marque el tiempo en que, con certeza, abandonaron las armas.
Para las Farc las fotos de su dejación de armas significan rendición y debilidad, para la gran mayoría de los colombianos serán un documento que confirme que su desarme es real y efectivo. Por eso no deben tener justificación los recelos de esa guerrilla, si es que en verdad decidió pasar a un estado pleno e irreversible de civilidad. Si ahora, como lo aseguran sus jefes, importa más su tránsito a la legalidad y la política, no se entiende que les incomode refrendar su condición de excombatientes y que esa violencia armada que ejercieron es parte inequívoca del pasado suyo y del país.
Para decirlo más breve: a las Farc no les debe importar nunca más si pierden o ganan dejando las armas y el conflicto. Las debe ocupar, sí, que su futuro se centre en respetar la democracia y construir la paz.
Si a los colombianos no les molestaron, tanto como podía ocurrir, el retraso y la prórroga de la entrega definitiva de todas las armas del grupo subversivo, a las Farc no las debería trasnochar, tanto...