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El balance de las grandes empresas

Con un 2024 en el que las empresas demostraron su capacidad de adaptación, el 2025 se perfila como un año de oportunidades. Sin embargo, la incertidumbre política sigue siendo un factor de riesgo.

13 de marzo de 2025
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  • El balance de las grandes empresas

Cada marzo, con la temporada de asambleas de accionistas, se da una suerte de evaluación, de corte de cuentas, sobre los resultados de las compañías listadas en la Bolsa de Valores de Colombia.

Queda claro que el 2024 fue, sin duda, un año desafiante. La economía creció tan solo 1,7%, lejos del 7,5% registrado en 2022. Y si comparamos con lo ocurrido en América Latina y el Caribe el desempeño de Colombia fue realmente pobre: ocupamos el puesto número 24, solo por encima de Argentina y Haití.

Sin embargo, las empresas colombianas han demostrado una vez más su capacidad de adaptación. Gracias al difícil entorno macroeconómico y el caldeado ambiente jurídico-político bien podríamos estar hablando de quiebras o de cierres, pero la buena noticia es que no ha ocurrido así.

Por el contrario las empresas, lejos de quedarse inmóviles, han decidido nadar contra la corriente y optaron por transformar profundamente sus negocios, sentando las bases para un 2025 con mayores oportunidades.

Uno de los cambios más significativos se dio en Antioquia con el fin del llamado GEA que dio lugar al desenroque entre Grupo Argos y Grupo Sura, por un lado, y a la consolidación de prácticamente un único propietario en Nutresa.

Argos y Sura llevaron a cabo una operación quirúrgica para separarse uno del otro, de tal manera que ya no se trata de una intrincada red de empresas propietarias entre sí, sino que los accionistas pasan a tener participación directa en cada compañía. En la medida en que se redujo la complejidad de la propiedad, se ha mejorado la liquidez y el atractivo de sus acciones en el mercado: Grupo Sura cerró 2024 con una utilidad neta de $6,4 billones y Grupo Argos con una de $7,6 billones, cifras que respectivamente triplican y quintuplican sus resultados de 2023, gracias al intercambio de sus acciones de Nutresa y otras transacciones estratégicas.

Por el lado de Nutresa, la noticia ha sido que Jaime Gilinski se ha convertido en el controlante total de la compañía, con el 84,55%. Además, a pesar de la desaceleración en el consumo y un panorama regulatorio adverso, Nutresa logró crecer 7,8% en su ebitda y en utilidades $751.281 millones para un crecimiento de 4,3% gracias en buena parte a las coberturas en materias primas y a las eficiencias en gastos operativos y de productividad.

Otra transformación significativa es el anuncio de la integración, ya en trámite, de Davivienda y Scotiabank Colpatria. Esta operación posiciona a la “Casita Roja” como un actor aún más relevante en el sistema financiero colombiano.

El meganegocio del año lo protagonizó Cementos Argos, que logró vender su inversión en Summit Materials por cerca de US$3.000 millones: logró una rentabilidad superior al 30% en menos de un año desde que integró sus operaciones en Estados Unidos con Summit, una transacción por la que registró una utilidad de más de $5 billones. Ahora, con una posición de caja del tamaño de una reforma tributaria, ¿hacia dónde dirigirá su estrategia?

Por otro lado, Bancolombia se ha consolidado como el actor dominante en el sector financiero, con utilidades de $5,5 billones, superando la sumatoria de las ganancias de sus principales competidores. La combinación de una marca robusta, innovación constante y decisiones estratégicas acertadas —como la apuesta por Nequi, su diversificación regional y la transformación en la que avanza para tener como matriz a Grupo Cibest— han convertido al banco en un verdadero titán del sistema financiero del país.

Pero no todas las historias han sido de éxito. Las empresas en manos del Estado han sufrido. Ecopetrol registró una nueva caída de más del 20% en sus utilidades, afectada por la volatilidad en los precios del petróleo. Sin embargo, el verdadero golpe ha sido la caída del 40% del precio de su acción en dólares desde 2022, debido a decisiones del presidente Gustavo Petro, mientras otras petroleras globales han registrado valorizaciones de doble dígito.

En cuanto a ISA, si bien reportó un crecimiento del 14% en sus utilidades, el 2024 estuvo marcado por las dudas en su gobierno corporativo. La llegada de Jorge Carrillo y las sombras de corrupción que rodean su nombramiento han generado incertidumbre.

Con el 2024 en el retrovisor, el 2025 se perfila como un año de oportunidades para aquellas empresas que han sabido sortear la tormenta. La caída de las tasas de interés y una posible recuperación económica abren la puerta a un entorno más favorable, aunque la incertidumbre política sigue siendo un factor de riesgo.

Con el inicio de la campaña electoral y la expectativa de un eventual giro hacia un gobierno más sintonizado con el sector privado, el mercado podría impulsar el valor de las acciones en la bolsa. Según un análisis de BTG Pactual, tras la caída del mercado en 2022 y 2023 con la llegada de Petro, la bolsa colombiana repuntó en 2024 con un rendimiento total (incluyendo dividendos) superior al 25% en pesos. ¿Será 2025 el año en que los inversionistas vean una nueva ola de valorizaciones?

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