Tras un tira y afloje de dos años para lograr un acuerdo de diálogo, Gobierno y Eln se adentran en un proceso que se espera menos complejo y dilatado que el de La Habana. El país queda atento.
31 de marzo de 2016
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Mientras que para el Gobierno colombiano el inicio de un proceso de paz con el Eln significa un logro político y un complemento que le era necesario al diálogo con las Farc, en Cuba, para los ciudadanos discurre como un anuncio frente al que hay un optimismo moderado y sin júbilos, debido a la indefinición, críticas e interrogantes que aún rodean las negociaciones de La Habana.
La gente tiene un espejo en el cual puede buscar los lunares que hasta ahora ha tenido la búsqueda de un Acuerdo para el Fin del Conflicto. Aunque ello no invalida, claro, la pertinencia de crear mecanismos de diálogo con la segunda guerrilla del país, para tallar la llave que cierre total y finalmente casi 60 años de una guerra irregular cuyos peores efectos los cargan...