El cielo está ahí para todos, pero sólo unos cuantos alzan la cabeza para verlo. Eso, que puede parecer una obviedad, es lo que distingue a los artistas de los demás. Los artistas verdaderos tienen una mirada particular sobre el mundo, que logran transmitir al público a través de su arte. Después de ver Jericó: el infinito vuelo de los días, no queda ninguna duda de que Catalina Mesa, su directora, es una artista. Porque a diferencia de otros documentales que se destacan por la realidad única que retratan (piensen en los que son testimonio de un conflicto, como Winter on fire) o por el material de archivo al que consiguen darle nuevo sentido (como Senna, la película sobre el automovilista brasilero), en Jericó ninguno de sus espectadores verá algo extraordinario. Sólo la misma realidad que conocemos, especialmente en Antioquia, desde que somos niños: las calles pintorescas de un pueblo, los comercios con sus mercancías ordenadas con pulcritud, el paso seguro de sus mujeres.