No era una tarea fácil. Aunque todos estuvimos pegados de la televisión internacional, pendientes de esos mineros chilenos atrapados en una mina en Atacama que se desplomó en 2010, era previsible que una historia con tal resonancia mundial tuviera su versión cinematográfica. Pero basta imaginar lo que significa organizar para una foto a 33 personas en alguna ocasión social, para que podamos entender las dificultades narrativas que esta historia implicaba. ¿Qué vidas contar?, ¿cuáles se quedarán afuera? ¿Nos vamos a centrar en lo que ocurría bajo la tierra o vamos a narrar también el sufrimiento de las familias, las expectativas de una nación? El sólo hecho de que sean 4 los escritores que firman el guión demuestra que el reto era grande y complejo....