Se diría que el tema es oportuno, porque hace poco ha sido el rasgo distintivo de la tragedia de moda, aquella elegida por políticos y medios para manipularnos. La verdad es que nunca ha pasado de moda, nunca pierde vigencia, porque es una situación que está en el centro de la experiencia humana. La decisión de dar o no acogida, ofrecer y recibir hospitalidad, decir al que llega: “Esta es su casa” y que el que llega lo sienta de veras, forman parte de nuestra vida diaria. Basta pensar que cada uno de nosotros es por sí mismo un reino visitado con frecuencia por viajeros, y que las intenciones del que llega no siempre son fáciles de adivinar.
Leí en alguna parte que el extranjero es el que Dios envía. Extranjero no es sólo el que viene de otro...