Los cambios políticos que estamos viendo eran de esperarse, aunque no en el corto plazo. Los últimos 10, 12 años, fueron de hegemonía para la izquierda latinoamericana, que proyectaba un período mucho más largo para imponer sus cambios, contrapuestos a los del “fascismo”, en palabras de Chávez y Maduro.
Pero lo que hicieron fue construir regímenes autoritarios, concentrando el poder político en un solo grupo o partido político, secuestrando las libertades. Desaprovecharon una oportunidad histórica, por ambición de poder destruyeron un entorno de garantías constitucionales, como la libertad de prensa. A la gente se le fueron cerrando las oportunidades económicas, y no solo a la clase media, sostén de una sociedad organizada.
También las capas menos favorecidas se desmarcaron de ese proyecto autoritario. En Argentina se vio con la victoria de Macri. La gente empieza a protestar y a buscar cambios, así esos gobiernos de izquierda nieguen la legitimidad de ese reclamo de cambio.
La gente quiere gobiernos que realmente resuelvan los problemas, por ejemplo la hiperinflación en Venezuela, que podría ser del 1000 %. Estados asistencialistas que gastan y gastan no garantizan tampoco que “el pueblo” al final de cuentas sostenga ese sistema neopopulista.