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Procesos como estos dan pie para construir con confianza y ser consecuentes con decisiones que pueden impactar a muchas personas.
Por María Luisa Zapata Trujillo - JuntasSomosMasMed@gmail.com
Recientemente tuve el privilegio de participar de una sesión de estrategia con un consultor externo y experto. Fue un espacio incómodo porque realmente te invita a ver lo que no es obvio y a cuestionarte si lo que estás haciendo es lo mejor posible. Lo que más admiré del espacio fue la disposición de un grupo de líderes que hacíamos parte, para ir más allá de sí mismos, sus ideas y su experiencia, para permitir que otros nos hicieran preguntas difíciles sobre nuestro trabajo.
Que otros, aunque expertos, se te “metan al rancho” es un acto de valentía. Una especie de humildad estratégica, hay que reconocer que uno no siempre es capaz de verlo todo y que someterse a esas miradas externas que señalan lo que no vemos requiere de mucho valor y sentido de responsabilidad para tomar decisiones.
A lo largo de la sesión, pasamos de la incomodad que paraliza y cierra mentes al terreno de la posibilidad y la tensión creativa. Reconocimos los puntos ciegos y debatimos también con criterio, defendimos y aportarnos nuestros datos. Sin embargo, salimos más fuertes porque nos permitimos ver nuestro trabajo a través de otras miradas que traían consigo las preguntas más difíciles. Identificamos logros, pero sobre todo identificamos donde hay que replantearse mejores rutas. Lo consideré un acto tremendamente responsable y amoroso organizacionalmente hablando.
Cuando estás en una posición para tomar decisiones debes crear las condiciones para ser cuestionado y estar dispuesto a cambiar cuando lo que emerge de esos cuestionamientos es mejor que lo que tú mismo habías podido ver. La realidad es que como líderes muchas veces estamos ocupados creando con mucha iniciativa y dejamos poco espacio para re-crear lo cual exige asumir cierta distancia, humildad y disposición para ver desde otro ángulo lo que hacemos en el día a día.
Actuamos con convicción y pasión y cuando tenemos evidencia de los avances no deberíamos dejar de perseverar; pero también debemos reconocer que parte de un buen liderazgo también requiere que tengamos la capacidad de desprendernos de aquello que no es el mejor escenario posible. Escoger es renunciar a algo. En el caso empresarial sería renunciar a aquello que no genera valor. Siempre recuerdo una jefe que me decía que la libertad estaba en el desapego, esta semana comprendí al 100% este concepto que aparecía siempre, pero algo lejano.
En entornos desafiantes, como el de hoy, las organizaciones la tienen más difícil para crear valor, la coherencia es un atributo invaluable, mantener la perspectiva de futuro y caminar acorde a este desde lo cotidiano implica tener a todos montados en el mismo barco. Procesos como estos dan pie para construir con confianza y ser consecuentes con decisiones que pueden impactar a muchas personas. En organizaciones que movilizan recursos, talento y tienen propósitos de alto impacto social, establecer estos ejercicios es una obligación.
Al final del ejercicio salí realmente conmovida e ilusionada. Había pasado por tres días de aprendizaje y decantación. Salimos más fuertes gracias a un mecanismo para crear valor partiendo de la posibilidad de las personas de imaginar mejores futuros.