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Un mundo

de pájaros

Si algo nos diferencia de los animales es nuestro sentido estético. Venimos equipados para disfrutar la belleza del mundo, pero rara vez lo hacemos por andar con prisa y ocupados.

10 de febrero de 2024
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  • Un mundo de pájaros
  • Un mundo de pájaros

Por Sara Jaramillo Klinkert - @sarimillo

Las flores más grandes que he visto en mi vida son las de la pintora Georgia O’Keeffe. Su intención es que la gente las vea, aunque no quiera. Supe de alguien que luego de asistir a una exposición de la artista sintió la pulsión de salir al jardín a buscar flores y estuvo admirándolas por horas, preguntándose por qué no había reparado antes en ellas. Si lo pienso bien es una anécdota hermosa y, al mismo tiempo, un poco triste. No deberíamos tener que ir a un museo para que nos digan en qué cosas vale la pena fijarnos. Si algo nos diferencia de los animales es nuestro sentido estético. Venimos equipados para disfrutar la belleza del mundo, pero rara vez lo hacemos por andar con prisa y ocupados.

Recordé la anécdota de las flores porque estoy haciendo un curso de ornitología y, como consecuencia de ello, mis cielos y mis árboles se llenaron de aves.

¿Dónde estaban antes? Ahí, pero yo no las veía. Ser el país del mundo con mayor cantidad de aves nos debería hacer más conscientes de ellas, sin embargo, es realmente difícil encontrar a alguien que distinga un mirlo de un gorrión.

Lo anterior me recordó a Oscar Wilde cuando dijo: “No había niebla en Londres antes de que Whistler empezara a pintarla”. Parece que teniendo cinco sentidos sólo vemos lo que nos interesa. Yo creo que deberíamos fijarnos en más cosas porque el mundo es un lugar fascinante y si uno aprende a observarlo con detalle no se aburre nunca. Hay tantos insectos que ni siquiera hemos terminado de clasificarlos. A estas alturas de la vida seguimos descubriendo orquídeas, ranas y planetas.

Abrir los ojos no es lo mismo que mirar, de la misma manera como respirar no es lo mismo que vivir. Me pregunto qué ven los que jamás salen al balcón, los que no pueden separarse ni diez minutos del celular, los que van a la playa a ver la tablet, los que creen que los pies sirven solamente para ponerse los zapatos, los que se emborrachan cuando están felices porque hay que celebrar y también cuando están tristes porque hay que ahogar la pena y entonces viven enceguecidos y no disfrutan de sus alegrías ni abrazan sus tristezas. Qué ven los que se quejan de que la lluvia les ensucia el carro y las hojas de los árboles hacen mucha basura. Yo creo que no ven nada, que son incapaces de interesarse por algo diferente a sí mismos. Su nivel de pobreza les impide abrir los ojos a la belleza y el misterio del mundo. No hay nada más peligroso que un ser humano que ha perdido la capacidad de admirar lo que lo rodea. No cuidamos lo que no conocemos, mejor lo aplastamos con la suela del zapato. Cada año, por ejemplo, matamos millones de arañas sin saber que ellas controlan los insectos y las plagas de los cultivos, preferimos envenenarnos con pesticidas en vez de hacer el esfuerzo de conocerlas. Dorothy Parker dijo una vez: “El aburrimiento se cura con curiosidad, la curiosidad no se cura con nada”. Menos mal, digo yo, que de aburrimiento en aburrimiento, he aprendido a abrazar un montón de intereses que no sirven para nada pero me hacen muy feliz, como admirar pájaros, flores, arañas y alzar la vista al cielo a ver si algún día llueven ranas.

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