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Por Un empresario - opinion@elcolombiano.com.co

Una conversación sobre democracia

Votemos pensando en el país que queremos construir.

hace 1 hora
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  • Una conversación sobre democracia

Por Un empresario - opinion@elcolombiano.com.co

Tuve una experiencia que me dejó una profunda reflexión.
A pocos días de una elección presidencial que definirá el rumbo de Colombia, decidí invitar libremente a quienes aún se encontraban indecisos sobre su voto, o a quienes quisieran conversar sobre el futuro del país, a una reunión abierta, espontánea y respetuosa en la Dirección General de nuestra compañía.

Confieso que para mí tampoco fue fácil hacerlo.

Como muchas personas, sentí dudas antes de realizar la invitación. Sabía que hablar de política puede generar incomodidades, malentendidos o interpretaciones equivocadas. Sabía que algunos podrían preguntarse si era apropiado abrir un espacio de esta naturaleza dentro de una organización empresarial. Y también sabía que existía la posibilidad de que nadie aceptara la invitación.

Por eso, así como considero valientes a quienes decidieron asistir, también reconozco que para mí fue un ejercicio de valor hacer el llamado. Valor para promover una conversación abierta. Valor para escuchar opiniones distintas. Valor para creer que el diálogo respetuoso sigue siendo posible en una época en la que tantas veces preferimos encerrarnos en nuestras propias convicciones.

Mi expectativa era modesta. Somos más de 850 personas en la organización y pensé que tal vez no llegaría nadie.

Sin embargo, llegaron siete personas. Algunos podrían considerar que siete es un número pequeño. Yo no.

Por el contrario, considero que fue un acto de valentía. Vivimos tiempos en los que muchas veces es más fácil guardar silencio que expresar opiniones, más cómodo permanecer en nuestras propias convicciones que escuchar las de otros, y más sencillo evitar una conversación política que participar en ella con respeto y apertura.

Quiero reconocer a esas siete personas. Independiente de cuál sea su posición política, de si llegaron con dudas o con opiniones ya formadas, tuvieron la disposición de aceptar una invitación al diálogo. Tuvieron la apertura de escuchar, preguntar, cuestionar y reflexionar. Y en una democracia, esa disposición tiene un enorme valor.

La conversación transcurrió en ambiente amable y constructivo. Surgieron inquietudes sobre los candidatos, capacidades, trayectorias y sus propuestas. Aparecieron preocupaciones legítimas sobre la corrupción, la pérdida de confianza en las instituciones y problemas que Colombia ha enfrentado durante décadas. Allí compartí una reflexión personal.

La corrupción no nació ayer. Tampoco pertenece exclusivamente a un gobierno o a una ideología. Es un problema histórico que debemos enfrentar con determinación, independiente de quién ocupe el poder.

Considero que, al momento de votar, debemos hacer un esfuerzo por mirar más allá de las personas. Las personas pasan. Los gobiernos pasan. Los partidos pasan. Pero los principios sobre los cuales se construye una nación permanecen.

Mi invitación fue a pensar menos en los nombres y más en el modelo de país que queremos construir. A pensar en instituciones que han permitido el desarrollo de Colombia, en la libertad de emprender, de generar empleo, de crear valor y de construir empresa.

Las empresas no son simplemente organizaciones económicas. Son espacios donde millones de colombianos encuentran oportunidades, llevan sustento a sus hogares, construyen sueños y contribuyen al crecimiento de toda la sociedad. Defender la generación de valor y el desarrollo empresarial es defender el bienestar de millones de familias.

Igualmente, considero fundamental defender nuestra democracia y el equilibrio institucional que la sostiene. Una democracia fuerte requiere que los poderes públicos actúen de manera independiente, con controles mutuos, respeto por la ley y pleno apego a la Constitución.

La fortaleza de una nación no radica en que una persona concentre el poder, sino en que las instituciones sean más fuertes que cualquier gobierno de turno.
Por eso mi reflexión final fue sencilla. No votemos desde el miedo. No votemos desde el resentimiento. No votemos pensando únicamente en las personas. No votemos desde las etiquetas de izquierda o de derecha.

Votemos pensando en el país que queremos construir.
Votemos pensando en la generación de empleo, en la creación de oportunidades y en la capacidad de las empresas para aportar bienestar a millones de familias.

Votemos pensando en la importancia de preservar una democracia sólida, con instituciones independientes, poderes equilibrados y una Constitución que garantice las libertades de todos.
Y, sobre todo, mantengamos viva la capacidad de conversar, de escucharnos y de respetar las diferencias.

Porque si algo aprendí hoy es que la democracia no empieza el día de las elecciones. La democracia empieza cuando alguien tiene el valor de convocar una conversación honesta y cuando otros tienen el valor de sentarse a participar en ella con respeto, libertad y apertura.

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