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El cómplice

Cuando todo esto pase, y Venezuela finalmente sea libre, recordaremos este día como el momento en que Colombia, bajo el débil liderazgo de Gustavo, decidió estar del lado del dictador.

10 de enero de 2025
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  • El cómplice

Por Sofía Gil Sánchez - @ladelascolumnas

Entre Caracas y Bogotá hay un pacto de silencios.

Hoy, los miles de muertos del régimen ven cómo se posesiona su verdugo. Y Colombia no solo mira, sino que aplaude. En lugar de alzar la voz en nombre de la libertad y los derechos humanos, Gustavo elige una diplomacia que, lejos de ser neutral, es cómplice.

Su ausencia no redime la decisión de enviar a Milton Rengifo como testigo de un acto que no debería tener lugar, de convertirnos en un país que legitima una dictadura. Hoy, los colombianos cargamos con esa vergüenza y no tenemos mayor alternativa que pedir perdón. Perdón a los millones de venezolanos que luchan, que sufren, que resisten, mientras nuestro gobierno les da la espalda y extiende la mano a quien los oprime.

Duele el sufrimiento de los venezolanos y la indiferencia de un gobierno que debería ser su aliado. Gustavo decidió que la diplomacia era más importante que la dignidad, decidió que enviar a un representante oficial a la posesión de un dictador valía más que el grito de los exiliados, las lágrimas de las madres que han perdido a sus hijos, y la sangre de los que murieron en las calles luchando por un país libre.

Hoy, Colombia no solo es testigo de una dictadura... es su aliada silenciosa. Nos convirtieron en cómplices de un régimen que no conoce la piedad. Nos pusieron del lado equivocado de la historia. Y lo peor es que lo hicieron mientras la voz de millones de venezolanos se apaga en el miedo.

Hoy, mientras Nicolás Maduro alza la mano en señal de victoria, su aliado sonríe pensando que no será condenado por no asistir personalmente. Y mientras tanto, los muertos, los desaparecidos, los opositores que están en las cárceles, los que han tenido que abandonar su país y sus sueños, no tienen voz y observan desde el silencio, esperando que alguien tenga el valor de hablar por ellos.

Cuando todo esto pase, y Venezuela finalmente sea libre, recordaremos este día como el momento en que Colombia, bajo el débil liderazgo de Gustavo, decidió estar del lado del dictador.

Y Gustavo, la silla que hoy ocupas no es eterna y pronto tendrás que mirar a los ojos a un país que no olvida. Podrás inventar excusas, justificar el silencio o disfrazar las decisiones, pero la historia no perdona a los cómplices, mucho menos a quienes traicionan los valores más básicos de la democracia. Cada abrazo a Maduro, cada gesto de complicidad, cada mirada desviada ante el dolor de millones de venezolanos será su carga, su vergüenza, su marca.

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