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Por Sofía Gil Sánchez - @ladelascolumnas
La salud en Colombia está en cuidados intensivos y el gobierno dedica sus esfuerzos a cuidar criminal. Los últimos años las citas médicas se han convertido en un juego de azar donde es imposible saber si el especialista tendrá agenda, si la EPS será intervenida, si el hospital tendrá oxígeno o camas para atenderlo. Solo hay una certeza: no hay jeringas para los pacientes, pero sí cuidados para los que han llenado de sangre este país.
El Hospital San Juan de Dios de Rionegro declaró alerta hospitalaria por la alta demanda de pacientes y la crisis financiera que asfixia al sistema. Ahora tienen pacientes esperando eternamente en urgencias, médicos colapsados y familias angustiadas porque la salud de sus seres queridos depende más de un milagro que de un derecho fundamental.
Pero la crisis no es solo de Rionegro. La red hospitalaria de Antioquia advirtió que ya no hay gasolina para seguir operando. Las deudas acumuladas alcanzan los 2,3 billones de pesos. Entre los firmantes de la alerta están el San Vicente Fundación, el Pablo Tobón Uribe, el General de Medellín y el Alma Máter, además de clínicas de gran trayectoria en la región. Juntas, estas 19 instituciones representan el 72% de la capacidad en Unidades de Cuidados Intensivos de Antioquia, el 68% de las Unidades de Cuidados Especiales y más de 22.000 médicos, especialistas y trabajadores. Y en Medellín, la Clínica de las Américas anunció que ya no atenderá partos... porque en Colombia hasta nacer se volvió un problema.
Mientras tanto, Gustavo Petro juega a ser humanitario con los del ELN y considera que montar tres carpas en el Cauca equivale a inaugurar un hospital de segundo nivel. En su lógica distorsionada, considera que el problema no es la falta de atención para los colombianos, sino la necesidad de brindar cuidados médicos a los guerrilleros en el Catatumbo, “incluso cuidar heridos de ellos”. No hay salud para los ciudadanos, pero sí para los violentos.
Lo que estamos viviendo no es una explosión controlada, es un colapso programado. Mientras el sistema de salud agoniza, el gobierno se aferra a su reforma. No quieren salvar la salud, quieren expropiarla, ponerla al servicio de su proyecto político y, de paso, entregarle la última dosis de morfina a lo que queda del sistema. En campaña dijeron que mejorarían la atención, pero lo único que lograron fue que ahora la fila para conseguir una cita sea la misma que para reclamar el cadáver.
Este gobierno decidió que su prioridad no es salvar vidas, sino proteger bandidos. Ojalá enderecen el rumbo, aunque sea por error, antes de que en lugar de médicos, en los hospitales solo queden guerrilleros.