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En Medellín, la accidentalidad vehicular es cada vez mayor a causa de la imprudencia. Hasta el momento, ya van más de 140 fallecidos, la mayor parte de ellos motociclistas.
Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com
Estación Urgencias, a la que llegan motociclistas que se resbalaron en una calle húmeda (pisaron alguna de las señales pintadas en el pavimento) o dos o tres que se chocaron debido a la densidad del tráfico y al acelere, acompañados de los que aparecieron de la nada y se estamparon contra otro de manera grave (accidente) o leve (incidente o milagro). Y en la fila siguen los que iban en moto moviéndose por una acera y atropellaron a un peatón; o cayeron al piso por ir en zig-zag entre carros y buses; los que conducían a más de la velocidad permitida y se salieron de la vía, los que se partieron espalda y cabeza por conducir en la rueda de atrás como si la moto relinchara, los que se acercaron peligrosamente a las ruedas traseras de una Tracto mula y vivieron el efecto de succión, perdiendo la estabilidad y la vida o alguna parte del cuerpo. Y en esto de accidentes de tránsito, en el que dos partes quedan comprometidas, pues el culpable puede ser el uno como el otro, aparecen los comparendos, los juicios, las atenciones de urgencia, el malestar de conducir, la psicosis etc.
La moto, como vehículo, es uno de los medios más útiles de transporte individual en el campo, las autopistas y las ciudades. Por su forma, facilidad en el desplazamiento (ocupa poco espacio en la vía), mantenimiento, economía en combustible y espacio de parqueo, es algo que se ve con buenos ojos. Pero la moto no se mueve sola (quizá lo haga cuando inserten ella inteligencia artificial que la controle debidamente) sino que depende del conductor (de su capacitación debida), de las normas de tránsito (velocidad, cantidad de pasajeros y maneras de adelantar) y de las políticas para su uso, es decir, por dónde deben circular acordes a su modelo (las motos escúter urbanas, las dos tiempos campesinas o las de alto cilindraje para viajes largos).
En Medellín, la accidentalidad vehicular es cada vez mayor. Hasta el momento, ya van más de 140 fallecidos, la mayor parte de ellos motociclistas. Los unos por imprudencia del conductor de un vehículo (carro, bus, camión), los otros por conducir la moto como no se debe. De esto dan cuenta los agentes de tránsito, las entradas a urgencia, las cámaras. Pero el asunto se agrava cuando el problema de la ciudad es la densidad en el tránsito, las vías sin resaltos en los puntos críticos, la falta de semáforos en los barrios y la venta de vehículos sin la demostración previa de que se saben conducir (el certificado de un curso hecho). Y bueno, ahí vamos, estrechos en las vías y dándonos contra lo que sea, aporreándonos o matándonos.
Acotación: y a esto hay que agregar ebriedad, drogadicción, acelere por ir retardados, elevamientos y estado crítico nervioso. Gente peligrosa conduciendo.