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Columnistas | PUBLICADO EL 19 noviembre 2022

Sobre reconocer

el humanismo

A este auditorio, que se inauguraba como espacio para promover buenos ejemplos, también llegaron amigos, estudiantes, docentes, en fin, gente que cree que la vida es una oportunidad para vivirla bien.

Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Condecoración, a la que llegaron dirigentes universitarios con logros interesantes en sus comunidades educativas, representantes de instituciones y empresas que piensan en una mejor sociedad y construyen para lograrla, profesionales jóvenes (exitosos en sus emprendimientos), profesores destacados por su manera de enseñar y ser queridos por sus alumnos, jubilados reconocidos por su tarea y ejemplo, investigadores científicos y culturales atentos a mejores maneras de vivir, promotores de educación por oficios dignos y amigables con el ambiente, frailes terciarios capuchinos seguidores de Francisco de Asís y San José muy acertados en su trabajo, y yo, en representación de los muchos humanos que seguimos haciendo la resistencia contra todo aquello que daña la vida. Y a este auditorio, que se inauguraba como espacio para promover buenos ejemplos, también llegaron amigos, estudiantes, docentes, en fin, gente que cree que la vida es una oportunidad para vivirla bien,

Un reconocimiento (un diploma, una medalla) no es algo particular sino colectivo. Y si bien es una persona la que recibe, lo hace en nombre de otros, porque es con otros que nos hacemos humanos. Decía Baruj Spinoza que no hay nada más útil a un hombre que otro hombre. Y no en condición de usar al otro sino de construir realidad con él. Y en esta realidad que se construye entre dos o más, que se entiende en sus componentes y tiene los espacios que nos hacen mejores, nos confrontamos, pensamos (nos hacemos preguntas), dialogamos para ponernos de acuerdo, construimos inteligencia de grupo, creamos caminos seguros y nos ponemos de acuerdo para que estar vivo sea bueno. Lo humano, este saber que la vida es el camino para no tener miedo (para eso es la ética), nos da un espacio digno en la tierra.

Ahora, cuando la economía y la política se han vuelto elementos peligrosos, la primera por el afán de codicia y la segunda por el delirio del poder, muchos hacen lo posible por desechar lo humano, por burlarlo y demeritarlo. Para estos, hablar de humanismo (o cómo ser humanos) y enseñarlo, es algo que carece de índices de pérdidas y ganancias, que no incita al consumismo y menos a buscar enemigos (chivos emisarios). Y esos que van contra el humanismo porque lo han perdido o los cuestiona permanentemente, solo tienen miedo. Un miedo que los lleva a estar solos, a mentir, a ser soberbios y a evadir preguntas. Pero lo humano persiste, es el azul que hay sobre las nubes, es la naturaleza no contaminada. En lo humano está el somos y el no somos un robot ni un fracaso

Acotación: por estos días la Universidad Luis Amigó me condecoró con una medalla al humanismo, a mis libros, columnas y programas radiales. Una medalla que significa mis maestros, mis amigos, la gente buena que trabaja y los que hacemos la resistencia para vivir con dignidad.

José Guillermo Ángel

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