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Columnistas | PUBLICADO EL 13 abril 2019

SOBRE EXCESO DE INFORMACIÓN (Y 2)

Por JOSÉ GUILLERMO ÁNGELmemoanjel5@gmail.com

Estación Credulidad, a la que llegan presurosos los que buscan datos de última hora con comentarios rabiosos y los que no le mienten a Google porque sus preguntas a ese buscador los delatan; los creyentes en predicciones de brujos (en especial los que dicen que Maduro se cae y Trump no se sabe) y los voyeristas, que parece que son muchos y sufren del síndrome click, que consiste en anular de un teclazo lo que fue su pecado o frustración. Y en este reverbero (los crédulos se mantienen en caliente), la información-dateo corre libre por la red, se mete en los cerebros y el mundo se acaba por las cuatro puntas, aunque hay algunos placebos: los avisos de ser feliz e inteligente adquiriendo algo o sumándose a la promoción que ofrece hablar y navegar más por menos dinero. Y bueno, el exceso de información sitúa en el caos, en especial político, donde se destapa y tapa, se esculca y bota.

Y en este reguero de información-desinformación, aparece otra contaminación: la de las emociones y pasiones desmedidas, las creencias según los intereses y una globalización de la bobada en la que entran la pseudo ciencia (dietas, peligros eléctricos, veganos, la ira como inteligencia etc.), los medidores de codicia (lo que hoy en día se llama utilidades), las defensas de los daños ambientales y la proliferación de profetas que van desde los castigos de D’s hasta los poderes de las máquinas que ya no solo pensarían más que nosotros sino que se reproducirían ellas mismas. Con relación a esto último, Salinislav Lem escribió las Fábulas de robots, en las que estos mecanismos se atacan entre ellos para obtener el material que necesitan para reproducirse. Algo así como robots que se atacan y se arrancan las partes que necesitan para rehacerse, en medio de un maremágnun de tuercas y tornillos, chips y circuitos.

Ante este exceso de información disparada, Zigmunnt Bauman habla de lo líquido: pérdida la solidez, esto que nos daba unos límites y un sitio desde donde mirar lo que pasa con criterio, todo se diluye y corre en distintas direcciones creando fragmentos que ya no componen partes sino que se evaporan y ya no hay conocimiento sino una Edad Media abundante en fantasmas, seres infernales, leyendas y oscurantismo, pues los datos aparecen sin contextualización y entonces todo es un prenderse y apagarse en medio de escenarios diversos en los que un domador de osos también hace de bailarina. Vivimos el ilusionismo. Y quizá la última presentación de Houdini, cuando ya no pudo zafarse de las cadenas y pereció haciendo burbujas en una caja de cristal.

Acotación: Parodiando el cuento de Lev Tolstoi, Cuánta tierra necesita un hombre, habría que preguntarse cuánta información necesitamos antes de llenarnos de datos y más datos que no solo nos desbordan sino que nos sitúan en una evaporación.

José Guillermo Ángel

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