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Sobre caminos divergentes

Parar indica tomar aliento, revisar cada cosa, detenernos en el tiempo y mirar el camino recorrido para saber en qué situación estamos. Parar es mirar y entender.

09 de diciembre de 2023
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  • Sobre caminos divergentes

Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación La Y2, que también equivaldría a la carta seis del tarot (los amantes), a un cruce de vías con un aviso pegado a un poste indicando direcciones (el tiempo casi ha borrado algunas), a alguien que le señala a otro por dónde seguir, etc., y a la que llegan viajeros que revisan mapas y miran fronteras y direcciones de vientos, usuarios de sistemas electrónicos con aplicación de tráfico y navegación, gente que lanza al aire una moneda y acepta un cara o sello, viejos que confían más en sus brújulas y barómetros, lectores de Borges que aceptan ese cuento corto llamado Jardín de los senderos que se bifurcan (que resulta siendo una especie de laberinto), lectores del cielo que buscan estrellas fijas o leen el manual del Boy scout para asegurarse, hombres y mujeres con perros a los que les ponen un trapo en el hocico para que lo huelan y decidan moviendo la cola, lectores de bolas de cristal humos de sahumerio, expertos en catalejos que creen en referencias lejanas, en fin, cuando un camino se parte en dos (o en tres y cuatro) y no sabe cuál tomar, el azar es mucho.

En este mundo que vivimos, con inteligencia artificial a favor o en contra (todo depende del usuario), con bibliotecas repletas de libros de historia (la oficial, la crítica, la de los anales, la de la vida privada), documentos descatalogados, demostraciones científicas, pensamiento laberíntico (lo no aceptado) y positivo (lo aceptado), diálogos para llegar a un acuerdo usando la técnica de Platón, novelas que nos leen a profundidad, pareciera que estamos perdidos y que lo hecho hasta el momento (lo del ensayo-error-acierto-escenarios) no sirviera de nada. El síndrome de Adán, creer que todo nace ahora y nada es pasado, vivimos una edad de la inocencia, campea por entre la información, las decisiones, los delirios y los daños continuos que le hacemos al planeta, que son daños mentales y físicos que nos hacemos a nosotros.

Y para todo esto que pasa (guerras delirantes, economías desbarajustadas, decisiones políticas desmesuradas), el camino a seguir no está claro o, como en el desierto, ya lo ha borrado un viento caliente o se lo ha tragado la manigua (que es lo que pasa en la selva). Y como no sabemos bien dónde estamos, hay que parar, revisar a conciencia lo que sucede y volver a cuadrar las cargas. Parar indica tomar aliento, revisar cada cosa, detenernos en el tiempo y mirar el camino recorrido para saber en qué situación estamos. Parar es mirar y entender.

Acotación: para todo hay un camino, pero el camino se hace yendo despacio, llevando lo necesario y parando cada tanto. Los viejos arrieros lo tenían claro: cargaban lo que resistía la mula y en el ascenso y el descenso la seguían, pues ella sabía dónde pisaba. Lo demás ya era plano.

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