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Por Rosana Arizmendi Mejía - JuntasSomosMasMed@gmail.com
Por primera vez, y gracias al Instrumento Espectróscopico de Energía Oscura —DESI, por sus siglas en inglés—, tenemos el mayor mapa 3D del universo, que abarca 11.000 millones de años de historia cósmica y 47 millones de galaxias y cuásares.
Entre el año pasado y este, en Colombia se han identificado decenas de nuevas especies, incluidos un puercoespín endémico, una araña urbana, un lagarto espinoso y una polilla-avispa. Una “vacuna” contra recurrencia del cáncer de páncreas acaba de entrar en fase 2 de estudios clínicos, y está obteniendo resultados prometedores.
¿Qué tienen en común estas noticias? Que, además de no ser políticas, ni violentas, ni deportivas, ni “del corazón”, evidencian que aún nos falta mucho por conocer y entender del mundo —¡qué dicha!—, y que mucho de lo que ya damos por hecho, realmente puede verse cuestionado por nuevos descubrimientos y conocimientos.
Lo mejor, es que esto no es magia. Es ciencia. Hecha por personas como ustedes y como yo. Que además comparten unas características que las han llevado a seguir la pista de su propia curiosidad hasta el punto de mover las fronteras de lo conocido hasta hoy: hacen buenas preguntas, analizan y evalúan información y sacan conclusiones sobre ella, conectan hallazgos con distintos conocimientos y disciplinas, comprenden las consecuencias de sus decisiones, se arriesgan a pensar “por fuera de la caja”, son eternas aprendices, y cuando las cosas no les salen como esperaban, realizan correcciones y perseveran.
Estas son habilidades que ojalá muchas, muchas personas tuvieran en nuestra sociedad. Porque tenemos importantes retos (sociales, ambientales, económicos, culturales, tecnológicos, democráticos) por resolver. Porque, precisamente por eso, tenemos grandes oportunidades para innovar. Porque, para avanzar, necesitamos personas que tomen decisiones informadas y no equiparen el éxito y el progreso con ser influencer o tener una cuenta en OnlyFans. Y porque, definitivamente, necesitamos más personas que hagan ciencia. Sin ciencia, nos quedamos estancados.
Por esto, me preocupa que actualmente (y desde la pandemia), la gran mayoría de la financiación en educación se sigue enfocando casi exclusivamente en la enseñanza o remediación de la lectura, la escritura y las matemáticas. Aunque es absolutamente real que hay una brecha alarmante en el desarrollo de estas competencias, y que estos son aprendizajes fundamentales para moldear el pensamiento y la comprensión del mundo, también es igual de cierto que no podemos esperar a que los niños aprendan a leer y a escribir para que, tal vez, en un futuro, desarrollen las otras habilidades que necesitamos como sociedad. Estas se tienen que fortalecer en simultáneo. Si continuamos con este enfoque de “primero que lean, y después que piensen, innoven, creen, cuestionen, propongan y resuelvan”, dentro de 10, 20, 30 años no va a haber quién resuelva problemas, desarrolle curas contra enfermedades, descubra nuevas especies, o estudie el universo para entender su funcionamiento. Lo que va a haber es menos personas estudiando, por la falta de pertinencia y conexión de los procesos educativos con sus intereses y contextos.
No es el momento para que los actores del ecosistema educativo dejemos de ver el bosque por mirar los árboles. En cambio, es el momento para construir condiciones que propicien más vacunas y cuásares estudiados en el futuro, y menos cuentas de OnlyFans. ¡Salud!